El dolor más grande
Mi primer acercamiento al aborto fue la experiencia de mi hermana, quien tuvo su proceso desde la soledad, la clandestinidad y también el miedo
Mi primer acercamiento al aborto fue la experiencia de mi hermana, quien tuvo su proceso desde la soledad, la clandestinidad y también el miedo
Ser acompañante me ha hecho una mujer de red, solidaria, compañera, amorosa
Pude empezar a abrazar el aborto como un ejercicio de libertad y de autonomía corporal que no se le debería negar a nadie
Me sentí tranquila porque lo que pensé que despertaría emociones negativas, como la culpa, no produjo más que el deseo de seguir acompañando y dignificando el aborto
Acompañar es ser cómplices de esos actos de libertad, actuando siempre desde la empatía y el cuidado
Me ha llevado a resignificar miedos e inseguridades que antes tenía
Es una identidad muy mía, muy privada, muy cómplice que me gusta y me permite creer en otros mundos
Estos años en el movimiento, activando y acompañando me han devuelto poco a poco a una persona que me costó mucho ver: yo
Acompañar sigue siendo un acto material, pero en nada banal. Es un acto potente, de esos que te están retando, enseñando, constantemente
En las acciones y en poner el cuerpo (un cuerpo cuidado) los cambios pueden gestarse