Con este dibujo intenté representar la idea de que la práctica del acompañamiento es un ejercicio constante de poner a otra persona en el centro, para que pueda tener su aborto de la manera más tranquila que sus condiciones permiten.
Como ya lo mencioné en las semanas pasadas, para mí la práctica de acompañar requiere cotidianeidad, materialidad, hacer cosas concretas para que los acompañamientos pasen de ser un enunciado (“tranquila, te vamos a acompañar”) a ser un hecho.
La práctica del acompañamiento implica pensar con la otra el antes, el durante, el después. Significa resolver cómo llega el medicamento, acompañar a quien va a abortar en planear el día del aborto, qué le va a decir a su pareja -si es que no sabe-, a su familia, en el trabajo, en el colegio.
Es ese ejercicio que muchas veces hemos nombrado como “ingeniería feminista”, la idea de anticipar los posibles problemas y pensar en diferentes escenarios para resolverlos.
Es acompañar los síntomas desagradables, manejar las preocupaciones (“aún no ha salido, ¿será que no va a funcionar?”), estar pendiente en los días siguientes de cómo marchan las cosas, cómo van los cólicos, cómo va el ánimo.
En algunos casos, es estar preparada para tener conversaciones difíciles sobre la culpa, la tristeza, intentar poner en perspectiva esos sentimientos con la alegría de haber tenido la posibilidad de decidir, sin por eso minimizar lo que la compa siente.
También, la práctica del acompañamiento es acompañar a las otras acompañantes, estar pendientes de cómo están, de cómo están construyendo su forma de acompañar, de que no se sientan solas en manejar situaciones que pueden ser complejas.
