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La fuerza transformadora

El acompañamiento de abortos es un mosaico complejo y diverso. A lo largo de estos años, recorrer este camino ha sido una fuerza transformadora en mi vida. Ha redefinido mis creencias, mis relaciones y mi forma de entender el mundo. Ser acompañante ha sido un viaje intenso, ha sido adentrarme en una ética feminista que ha reconfigurado mi visión y mi entendimiento de la realidad, Ser acompañante ha trastocado mi vida en muchos niveles, ha traído consigo:

Crecimiento personal: A través del acompañamiento, he descubierto y potencializado nuevas habilidades y talentos, como la comunicación, la escucha activa, fijar límites, ser más expresiva.

Sororidad: Conformar una red de parceria, permitirme ser parte de una colectiva donde todas podamos compartir experiencias y conocimientos, generando un sentido de comunidad y pertenencia.

Afinidad: Acompañar abortos me posibilitó entender, conocer, comprender y abrirme al dolor y la angustia de las otras. Ha logrado transformar las relaciones interpersonales, siendo más consciente de las dificultades, potencialidades y similitudes con lxs demxs.

Determinación: Acompañar ha sido un catalizador, me ha impulsado a tener metas claras, adquirir compromisos, esta experiencia me ha permitido desarrollar una actitud proactiva donde me permito ser propositiva, se me posibilita explosionar.

Autorreconocimiento: Acompañar ha sido un viaje de autodescubrimiento que me ha llevado a cuestionar prejuicios y las normas impuestas de lo correcto para las mujeres. Ha sido reconsiderar lo que me enseñaron, mis experiencias pasadas, así he logrado revaluar muchas creencias, lo cual me ha permitido construir una identidad más auténtica y libre.

Ser acompañante me ha permitido reflexionar y apalabrar el aborto, me ha llevado a comprender cómo la concepción sobre el aborto revela la visión del papel de las mujeres en la sociedad, por lo que, la manera en que alguien se posiciona frente al aborto es un reflejo de cómo concibe a las mujeres: si nos reconoce como sujetos autónomos, capaces de tomar decisiones racionales sobre nuestros propios cuerpos, y este aspecto es vital al momento de relacionarme con otros.

Ser acompañante ha sido un proceso de transformación personal, me ha posibilitado lidiar con la culpa, transitar la incomodidad, hacer provechosa la rebeldía, con el fin de soltar cargas, expectativas sobre nuestros cuerpos, movilizar y colectivizar la rabia. Hacer parte de mi identidad ser abortera, es y ha sido entender que no cabemos en sentencias, leyes, textos académicos, lógicas de la medicina hegemónica. La capacidad de apalabrar el aborto me ha permitido ser más libre, insurrecta, soberana y poderosa, la alegría y el amor entre mujeres es revolucionario para contrarrestar un sistema que nos impone y nos ata a las maternidades obligadas, finalmente ser acompañantes de aborto nos salva.