En este dibujo/collage quise representar la metáfora de qué significa para mí acompañar. Lo que me motiva ahora, muy posiblemente no es lo mismo que me motivó cuando entré a la colectiva. Al principio, sentía el acompañamiento con un acto concreto, práctico, con un fin específico y circunscrito. Hacer que una persona que quería abortar lo pudiera hacer, y que fuera lo más sencillo posible. Fin.
La dimensión de lo público, de hablar de esos acompañamientos, de politizarlos, no era algo que me atravesara. Sentía que el acompañamiento tenía que ver solo con la persona acompañada y en alguna medida conmigo, con el cuidado que debía tener en ese proceso.
Pero entre más acompañaba, más compleja se tornaba el asunto; no acompañar, que en el tiempo se ha vuelto parte de lo cotidiano. Sino la necesidad de saber cómo lo vivían las otras acompañantes, qué sentían, si les daba miedo, si les emocionaba, si las hacía sentir vivas.
Y que el resto del movimiento feminista, las del aborto legal, las del médico y de la clínica y el hospital, entendieran qué es acompañar, y lo supieran por nosotras, por nuestras voces, por nuestras prácticas y nuestra experiencia.
Acompañar para mí es una espiral que, en lugar de cerrarse, se abre: empezó con algo puntual, unos medicamentos, un protocolo, amabilidad con quien acompaño. El camino de estos siete años ha hecho que acompañar siga siendo un acto material, pero en nada un acto banal, igual a sí mismo una y otra vez. Es un acto potente, de esos que constantemente te está retando, enseñando, diciendo algo de tí misma y de tu colectiva, de qué necesitamos como personas, como activistas, como colectiva. Es un acto que trasciende cada específico acompañamiento sin perderlo de vista, es sentir que cada aborto, cada “ya salió, ya estoy mejor” es una cachetada al patriarcado, es meterse en las grietas y volverlas vorágine, algo que claramente solo podemos hacer en colectivo.
Acompañar es lo que también en medio del agotamiento laboral, de la falta de tiempo, siempre vuelve a darle sentido a los días. Se volvió parte de lo que soy, de cómo interpretar, desde lo colectivo, la autonomía del cuerpo, la libertad en un proyecto común.
Es una espiral que se abre, porque cada vez permite encontrar más matices, más perspectivas, más relaciones, más aliadas que se juntan y que hacen que nada de esto sea solitario, que abortar se pueda hacer en colectivo, y acompañar también.

Integré algunos stickers que tengo pegados en un vidrio de mi casa. El “juntas” lo compré en la calle y le agradezco a quien lo hizo, aunque no sepa su nombre. Los otros hacen parte de un concurso de ilustración que hicimos Las Parceras hace unos años. Los símbolos del fuego hacen parte de los elementos de ilustración de la Red Compañera y los incluyo para darle lugar a la experiencia de hacer parte de la Red.
La foto del trapo de Las Parceras fue tomada en la marcha del 25N 2019. Mi foto fue tomada en 2020 en el lanzamiento del primer informe de la colectiva, por Malandrea. La foto con Yela y Pimienta fue tomada en el plantón del 28S de 2022. Las dos autorizaron su uso para este trabajo. La foto grupal se tomó en un taller realizado junto a la colectiva La Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito en la ciudad de Santa Marta-Magdalena en febrero 2024.