Las preguntas sobre la identidad siempre me desubican un poco. Siento que es un concepto que de alguna manera constriñe y tiende a encasillar las personas, por eso prefiero hablar de construcción de subjetividad.
En mi caso, sin duda, ser acompañante, devenir acompañante, tiene un impacto en cómo me percibo, cómo me describo hacia las demás personas, y de alguna manera siento que es lo que más me hace sentir orgullosa de mí misma.
Como he repetido a lo largo de este proceso, ser acompañante es un acto cotidiano, es algo que se hace, pero también es la forma en que hemos elegido vivir y en ese sentido, construye subjetividad. A veces hago un ejercicio de imaginar mi vida sin acompañar, sin todo lo que implica acompañar: veo una vida bastante regular, más plana, quizás más “tranquila” de alguna manera, pero también más vacía, más aislada. En fin, una vida que no sé si valdría la pena ser vivida.
En el dibujo solo me representé a mí misma, en una marcha, pero acompañar ha construido y sigue construyendo mi subjetividad hacia lo colectivo. Esta persona no sería la misma sin los encuentros, las conversaciones, los proyectos materializados a través del ejercicio de acompañar. La persona que veo en el espejo y que es una acompañante, una activista abortera, lo es por el encuentro con otras, con otres, con quienes nos hemos sentado a pensar cómo queremos acompañar, por qué, qué tenemos que decirle al movimiento feminista, qué queremos para nuestra colectiva, qué queremos para las personas que acompañamos.
Esta subjetividad se va armando un poquito todos los días y me ha permitido explorar aspectos de mí misma que quizás en otras circunstancias no habrían surgido, sobre todo respecto a sentir que lo que se piensa se puede volver algo concreto, material. Que lo que se siente, la rabia, el impulso, la emoción de imaginarnos, va a ser, ha sido, es.
Entonces en términos de construcción de mí misma, acompañar me ha enseñado que mi voz también merece ser escuchada, que tengo algo por aportar, que hablar duro da miedo e implica exponerse a las opiniones de otras personas, pero que callarse no es una opción.
Ser acompañante es esa parte de mí que siempre me va a hacer sentir cercana a tener sentido.
