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El paso del tiempo

Recuerdo un acompañamiento T2 en Pará. Era una mujer retenida ilegalmente, víctima de amenazas. Hicimos el procedimiento durante la noche. Ella llegó al hospital echándole la culpa al esposo y tenía intenciones de huir. Me trae una fuerte emoción de libertad.

Poema autoral, título: “Ya había pasado mucho tiempo”.

Ya había pasado mucho tiempo

Ya había pasado mucho tiempo, crecido para que todos lo vieran.

Ya había pasado mucho tiempo, pero en secreto ella siguió cavando un túnel sin

salida.

Mientras el vigilante dormía.

El vigilante estaba atento a cada paso, con los puños cerrados.

Guardaba en las manos el miedo.

Entre los dientes la esperanza.

Ya había pasado mucho tiempo.

Y ella servía en el plato de comida pedazos de obediencia.

Y restos de deseo, desmoronado, pequeños, amargos.

Servida la cena, la bebida que embriagaba el sueño.

La boca entreabierta, las manos dejaron de apretarse.

Escapa el miedo que invade el cuarto.

Es de noche, es el norte, el país duerme.

Nosotros despertamos.

Despiertas, envueltas en miedo vemos la esperanza flotar en el aire.

Es hora de cavar.

En el lento recorrido del túnel, oscuro.

Sentir lo húmedo de las paredes.

El miedo yace entre nosotras.

Resbala despacio, en el túnel oscuro.

Sanguinolento, del dolor que no se puede gritar.

No se puede gritar, pero guardamos el grito.

El grito permanece en la garganta, un poco más.

Es temprano ya, nace el sol y ahora el grito.

Ahora es el último golpe al final del túnel.

Que revienta la tierra y hace surco para que la luz entre.

El vigilante ahora es siervo -corren al hospital-.

El llanto y el grito de quien perdió.

Perdió todo lo que nunca quiso tener.

Ella escapó, ella nunca regresó.

-Acompañar la liberación, la fuerza de quien no se dobla, expulsa la vida no escogida.

Quiebra corrientes noche adentro y amanece libre. Como el sol que se levanta del mar, levanta una sonrisa en nuestros rostros, el miedo en el piso, la esperanza en nuestras manos.