Este poema refleja mi experiencia como acompañante virtual de mujeres que toman la decisión de abortar desde sus casas. Aunque nunca las he visto ni las he acompañado en persona, a través de mensajes y palabras, intento estar presente para ellas, brindándoles apoyo en la distancia.
Hablo de cómo, sin contacto físico, he aprendido a escuchar y a sentir sus emociones, a acompañarlas en sus miedos y su fortaleza, reconociendo que el cuidado y el amor también pueden llegar sin estar cerca. Este proceso me ha transformado, mostrándome que se puede sostener y acompañar incluso sin tocar, y que su valor me inspira profundamente.
