Creo que ser acompañante en abortos ha marcado mucho mi identidad. Antes de ser comadre fui acompañada, encontré en mujeres que no me conocían una red que se activó y me acompañó en uno de los momentos más complejos de mi vida.
Cuando vi cómo un grupo de mujeres desconocidas movían sus tiempos, se organizaban y hacían muchas cosas para que yo fuera acompañada por ellas entendí que acompañar era algo que quería hacer, yo quería ser una de esas mujeres. Luego me hice acompañante y entendí que dentro de mi vida cotidiana y de mi profesión el acompañar tenía que ser algo transversal a mi quehacer. Entendí que acompañar no es hacerse cargo de la otra o solucionar lo que la otra está viviendo. Acompañar es estar, escuchar, orientar, pero confiar en que la persona que está siendo acompañada sabe lo que hace. Confiar en que lo que hago es suficiente y por ende no sobrecargarme o anular a la otra. Eso es fundamental. Siento que esto me ha permitido entender incluso como relacionarme con otras personas.
Acompañar es parte de mi identidad, muchas veces me he cuestionado cómo sería yo sin ser comadre, sin acompañar a otras personas o sin nombrarme acompañante. Creo que si yo dejara de ser parte de la red me llevaría conmigo la transformación que ha significado ser acompañante en mi identidad.