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Una fuerza sanadora

El acompañamiento para mí es una fuerza sanadora. Siento que agarro y me aferro a las mujeres a las que he acompañado como si yo fuera más resistente, cosa que no es cierta. Muchas veces son ellas las que me sostienen para seguir adelante en esta lucha.

Simbolizo el agarre con unas manos que comienzan alejadas como dos completas desconocidas que se van uniendo por la necesidad, el cariño, el amor, el aguante, el apoyo, la sororidad. Aunque así como llegan se van, siguen sus caminos y aunque quisiera que eso no fuera así, por seguridad, es mejor que no nos volvamos a encontrar.

Las manos de la derecha tienen en sus brazos y muñecas oídos, simbolizando una escucha activa y amorosa, una escucha que cuida cada detalle, que no juzga, que solo está presente y eso lo es todo.

Los caminos de esas mujeres, así como los míos propios del acompañamiento, van por todos lados, se entrecruzan y siguen, van y vienen, o capaz, en algunos casos ni se tocan. Así como las carreteras del fondo.

Por último, los ojos del lado izquierdo son constantes, están abiertos, alerta, preocupados, así como los ojos de quienes acompañamos. Los ojos de la derecha empiezan abajo medio cerrados por vergüenza, por tabú, por culpa, por juicios, luego al sentirse más tranquilas, acompañadas, escuchadas, al recibir información que las hace sentir confiadas, se abren, vuelve a la vida, vuelve la esperanza de no tener que imaginarse nunca pasar por un embarazo no deseado.