La práctica del acompañamiento es para mí un eje transversal en mi vida. Acompaño desde mis 17 años, dentro de poco cumpliré 31.
Permanezco en mi organización porque me gusta acompañar, porque encuentro otras compañeras que como yo le apuestan a construir con trabajo de hormiguita posibilidades de emancipación.
No todos los acompañamientos son ideales y tranquilos. Hay acompañamientos dolorosos, en situaciones muy adversas que viven las mujeres más humildes o las adolescentes que nos contactan. Pero la práctica concreta en sí, me parece una herramienta muy poderosa. Logramos traspasar fronteras, barreras legales y culturales, y eso es muy importante para mí.
Para describir mi práctica escogí la canción “Fruta de Sofía” de Sandra Bernardo. Cuando estoy bajoneada me gusta escucharla y mirar el video clip. Me parece una danza de mujeres llenas de sensualidad y erotismo, representado en las frutas, en el baile con otras y en el movimiento del cabello con la brisa del mar. Esa canción me funciona para situarme en el lado placentero de la vida, y en el lado reivindicativo de la sexualidad.