Para mí acompañar es una praxis. Una práctica colectiva. Una apuesta en la fuerza de juntarse. Una apuesta de vida. Una delicia que solo es posible por el acto de la desobediencia civil. Hay algo de placer en eso.
Para mí acompañar es construir. Edificar. Proyectar. Es producir. Es vivir. Es insistir en la vida. Celebrar el acto de existir. Resistir. Insistir en la vida. Acompañar es más que acoger. Acompañar es alteridad. Otredad. Acompañar procesos de emancipación, de negación de todo aquello que restringe la vida, para gestar una vida en amplificación, en expansión.
¡Eso! Acompañar para mí tiene que ver con expansión y enriquecimiento de la vida. Es decirle no al empobrecimiento de nuestras existencias con las imposiciones ya conocidas de los repertorios culturales que nos obstaculizan, para gestar una vida fluida, hecha obra de arte.
Acompañar es vivir una vida hecha obra de arte. No sin dolores, pero dirigida hacia un mundo aún por venir.
