Vivo la práctica de acompañar personas en sus trayectorias de aborto como el acto de encarnar alianzas posibles entre nuestros cuerpos. Alianzas de vida, materializadas en la capilaridad de las relaciones sociales, de los vínculos longevos o efímeros. Pactos de confianza, de colaboración, de cuidado que se construye mutuamente, un jardín de afectos potentes cultivado colectivamente.
