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Un camino abierto

Mi experiencia significativa, o que recuerde particularmente, es una mujer de un embarazo de más de 15 semanas. Ese tema ha generado controversia en cuanto a los “límites éticos” para una aprobar o no aprobar esta decisión.

En todos estos años he comprendido que la decisión de una mujer frente a un embarazo siempre es soberana e independiente en cualquier circunstancia. Por tanto, cuando se me presentó el caso, tuve una conversación fluida con la chica, hasta que me preguntó qué hacer con el “producto”.

En el pasado, cuando era joven, tuve una experiencia de un feto que arrojaron a la basura, y generó pánico en la red, porque fue inseguro y cuando lo fueron a buscar no estaba. Pero esta pregunta no me la había formulado desde esa época. Solo me acordé de una amiga criminóloga que dijo que las mujeres no sabemos “ocultar cuerpos”.

Ante la pregunta, decidí consultar con mis compañeras qué debía decirle, o recomendarle. Tampoco se me había ocurrido nada porque en ese caso es la libertad de una mujer la que está en riesgo. La mujer en mi turno no volvió a escribir, cuando ya tenía una propuesta de cómo hacerlo surgida de la conversación con la otra compañera.

Este caso lo recuerdo porque a pesar de no haber escrito la mujer para comunicarle la opción, busqué opciones. Este caso complicado no parecía ser un callejón sin salida. Me llevó a sentir que el posible debate ético que tuviera por ahí flotando ya no estaba, porque nunca dudé de ayudarla, de buscar las mejores opciones para que fuera segura.

Mi emoción fue de satisfacción, de sentirme más segura de mí misma en mis convicciones y sobre todo de siempre sentir que mientras vivíamos el aprendizaje era un camino abierto. Siempre puedes re aprender, desaprender, llenarte de mayor conocimiento que también es independencia y autonomía. Destruir obstáculos.