El ser acompañante impactó totalmente en mi identidad. A nivel interno, genera un movimiento muy grande de emociones y aprendizajes. Es un lugar donde me veo diferente, puedo ser más fuerte y amorosa con personas que no conozco, dar mi tiempo y mi energía a algo que no tiene que ver conmigo en ese momento pero impacta y me transforma igual.
Me hizo estar más despierta, más consciente de todo, más disponible. No tengo miedo de preguntar a alguien cómo está si la veo mal porque ya no siento que no sea mi problema. Necesitamos del otro no porque seamos responsables sino porque es lindo poder tenerse y no sentirse sola.
