Mi identidad se ha ido construyendo y reconstruyendo, con dudas, con cambios, coSer acompañante me introdujo de lleno al movimiento feminista. Me generó un sentido de pertenencia con el movimiento, con mis compañeras, incluso con mi feminidad, con el concepto mismo de ser mujer y la confianza que tenía en los vínculos entre mujeres y la colectividad.
Antes de ser acompañanta, me había identificado como queer (no binarie) durante un par de años, lo cual me ayudó a sanar muchos conflictos que tenía con mi identidad. Era un posición que llevaba de forma bastante individualista, tratando de reconciliarme conmigo misma, en un momento en el que necesitaba estar sola y así también me aisle durante mucho tiempo, hasta que eventualmente como creo que es natural necesite reencontrarme con la colectividad. No solo por no sentirme sola o necesitar identificación, sino porque a pesar de yo reconocerme no binarie, seguía siendo atravesada por los problemas de ser identificada como mujer.
El movimiento me acogió, me abrazó y la práctica de acompañar me hizo sentirme parte activa, poder accionar, tener un rol y tener la capacidad de retribuir y abrazar a otrxs que necesitan ayuda o contención, como yo en su momento también lo necesite.
En mi caso, mi identidad se ha ido construyendo y reconstruyendo, con dudas, con cambios, como miedo, con valentía. Es algo cambiante, no es inamovible, pero para este punto tiene ejes fuertes, con muchos de los cuales me he ido reconciliando. Ahora me identifico como mujer feminista peruana acompañata, comunicadora, creadora, mamá de un perrito que adoro, trabajadora independiente, neurodivergente, bisexual, hija, hermana, prima, amiga, gestora, activista y un largo etcetera que probablemente ira creciendo y sumando más experiencias, conocimiento, amor y compresión hacía mí misma y el mundo.n miedo, con valentía