Creo que gran parte de la respuesta a esto fue plasmada en la tarea anterior, al mencionar el acompañamiento a mi amiga por un lado, porque fue el único que tuve en el cuerpo a cuerpo, pero a su vez por lo que significó para nuestra amistad, estrechándola.
Para no ser redundante, busqué un poema de Audre Lorde (1979) que si bien es en memoria de su madre, al leerlo por primera vez me transmitió esa incondicionalidad de la relación entre madre e hija, pero también propia de otros tipos de relaciones entre mujeres, como la amistad:
MEMORIAL I
Si vienes tan callada como
el viento en la arboleda
oirás quizá lo que yo oigo
verás lo que ve la tristeza.
Si vienes tan ligera como
el rocío entretejido
te acogeré encantada
y te pediré lo mismo.
Puedes sentarte a mi lado
como un suspiro silente y
sólo los para siempre muertos
se acordarán de la muerte.
Si vienes, me quedaré callada y
no te diré palabras agresivas;
no te preguntaré porqué, ahora,
ni cómo, ni lo que sabías.
Sí, nos sentaremos aquí en silencio
a la sombra de distintos años
y la rica tierra entre nosotras
se beberá nuestro llanto.