Cuando tenía entre 13 y 14 años una amiga me pidió conseguirle unas pastillas. Lo anotó en un papel, sin más explicaciones. Recurrí a una amiga más grande, estudiaba medicina integral comunitaria y tocaba la viola en el atril de junto en la orquesta. A ella le pedí ayuda. Le entregué el papel y le conté lo que me había dicho mi amiga. Ella intentó convencerme de que hablara con mi amiga, que la convenciera de no hacerlo, en mi inocencia nunca supe qué ocurría.
Posteriormente varias compañeras de clase pasaron por la experiencia. Cuando me gradué del Liceo siete mujeres fuimos escogidas «mejores promedios». Cuatro de ellas tenían hijes, de esas cuatro, una estaba embarazada por segunda vez, otra estaba embarazada y solo dos salimos de esa estadística.
A mi activismo lo impulsa la necesidad de que nuestra realidad sea otra. Las opciones que tienen las niñas y adolescentes son muy limitadas sobre todo con la insuficiencia de los programas de ESI/EIS. A mi activismo lo impulsa la necesidad sin respuesta de muchas niñas y adolescentes de elegir sobre sus futuros y sus vidas.
Elegí el arte del libro “Esa gota de luz” que recibí gracias a las compañeras acompañantes de “Serena Morena” en Perú. Es un regalo dedicado que me dice que entre mujeres nos acompañamos a acompañar abortos necesarios en Abya Yala.
