Esta fue la pregunta que la inquietud convirtió en morada. ¿Cómo expresar las transformaciones, los sentimientos?
Es una pregunta que me hace reflexionar sobre quién fui y sobre cómo estoy ahora, más que en términos de un lapso temporal, en términos de lo histórico, lo físico y lo espiritual.
En primer lugar -y creo que es lo más obvio- el acceso al conocimiento antihegemónico y decolonial, no solo sobre el acto de abortar en sí, sino sobre todos los aspectos científicos, sensoriales y territoriales que hace posible el hecho de trabajar en colectivo y acompañar. Destaco de manera primordial las conexiones que hacemos con otras personas que se disponen a contribuir en el proceso de acompañar.
Por ser un trabajo ilegal, me impresiona la posibilidad, aún en el silencio al que la clandestinidad nos arroja, de construir vínculos afectivos y acogedores con otras acompañantes y con acompañadas.
Cuando encontré la tecnología feminista del acompañamiento, sentí que podía reinventarme muchas veces y ver versiones mías que ni conocía. Estar en colectivo por un mundo autónomo, justo y feminista es mi lugar.
