Como todx niñx cuando era pequeña quería ser bombera y policía, imagino que cuando algunas personas van creciendo van perdiendo la sensibilidad hacia la justicia, los derechos, lo humano y luego nos desborda la vida, las responsabilidades, ser adulto, el dinero, el trabajo, lxs hijxs, etc.
Yo entré en mi primera organización feminista entre los años 2014-2015 cuando participé en una charla sobre la comuna, el rol tan importante de las mujeres en la organización popular, las cargas laborales, los derechos de las mujeres, un poco de todo.
En ese momento me acerqué a las compañeras que estaban dando la charla a pedirles que por favor me aceptaran en su organización, que yo venía de un espacio masculinizado donde minimizaban mi opinión, así como mi trabajo, que para ese momento era de muralista. Ese día algo en mi se prendió, una chispa, un fuego de justicia, un fuego feminista que desconocía y no tenía nada que ver con ser bombera o policía.
Más adelante me enamoré de mi organización, de mis compañeras, de esa complicidad que construimos en pro de los derechos de todas. Al tiempo me hablaron de una línea de atención e información para adolescentes y mujeres que querían abortar. La verdad es que no tenía una opinión al respecto, ni buena, ni mala, lo desconocía por completo.
Luego de varios meses escuché que necesitaban a una persona que ayudara con la entrega del medicamento para abortar. Por supuesto que todas nos miramos y pensamos cómo solucionar esa problemática desde otro aspecto, con paquetes en sitios estratégicos y acordados, con empresas de correo, etc. Pero ninguna idea parecía ser lo suficientemente segura. Necesitaban a alguien, y yo me ofrecí. Me ofrecí por una causa justa, por las mujeres del barrio que necesitaban de nuestro apoyo, mujeres con quienes habíamos construido cotidianidad desde espacios de formación informales, con quienes aprendimos a hacer velas, lámparas, incluso tuvimos un programa de radio, todas excusas para acercarnos a ellas y hablarles sobre los derechos de las mujeres, niñas, niños y adolescentes, sobre la violencia, sobre el emprendimiento, haciéndoles sentir que no estaban solas. También aprendimos a confiar, ellas en nosotras, y nosotras en ellas.
Mi motivación fueron esas mujeres desprotegidas de cualquier ayuda y apoyo en materia de derechos sexuales y (no)reproductivos, mujeres que son juzgadas, mujeres maltratadas, mujeres abandonadas, mujeres que por un tiempo fueron como familia.
