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Más allá del miedo

En esta oportunidad elegí hacer un vídeo con stop motion, utilizando las herramientas del stop motion que no hace mucho la descubrí y me gustó explorarla. Siento que hacer un video de esta manera interrumpe la velocidad de la vida y me permite honrar mis procesos, y confiar en el proceso, en la lentitud de hacerlo, y confiar en el error, y saber que todos los procesos se complementan. Por eso hay que confiar, como el proceso previo de ideación, de preparación, el proceso de producción en sí; y luego el proceso de edición, en el que igual, durante todo el proceso, la idea se va transformando. Pues, aparecen en el hacer nuevas ideas, se van formando, se va complementando la subjetividad, que no es la misma del inicio, y con la edición, como en este caso, permite transmitir y comunicar un poco mejor el mensaje que se piensa o que se quiere, como en este caso de pensar en un caso de acompañamiento significativo.

Pensaba en dos opciones y me decidí por un caso en el que sentí mucho miedo, no sólo yo, sino también la persona que estaba acompañando.

La situación a la que me refiero no fue, en sí, el proceso de acompañamiento como tal, el proceso de expulsión del producto o el proceso de la toma de medicamentos, sino que fue un caso en el que yo acompañé desde la virtualidad y siento que el miedo jugó muchos roles y muchos papeles en esto. Pues, generó o propicio que el cuerpo de esta persona generara mucha resistencia a la expulsión del producto, lo que, también, puede haber significado en que no se haya logrado el aborto como tal y haya quedado como uno incompleto. Fue ese mismo miedo el que llevó a pensar o a ignorar las señales, hasta que ya no era tan posible de ignorarlas por el dolor o por síntomas de infección, como mal olor, además de dolor y sangrado en la persona.

En este caso, unas semanas después tuvimos que acudir a un centro de salud, pues el sangrado no paraba, los dolores tampoco, la fiebre comenzaba a subir. Sin embargo, además del miedo, fue también significativo porque desde el inicio fue un caso un poco complicado por la comunicación y cómo recepcionaba la información, o la situación misma de esta persona era complicada para mí, pero era un reto, sobre todo, en cuestión de trabajar la paciencia, trabajar la comunicación asertiva, porque la persona joven demandaba una solución inmediata. Sin embargo, no podía ser así tan inmediata desde el inicio, como el proceso de acompañamiento con los medicamentos. Y luego, no logró hacer una expulsión total, quedó en incompleto. Lo que tuvimos que considerar fue ir a un centro de salud y se negaba, no quería, había mucha negación, no había intención de buscar una solución. El miedo se acrecentó cuando logramos llegar al establecimiento de salud para ser atendida y, además de los nervios, la evalúan, llaman al ginecólogo de turno en el establecimiento de salud, y al escuchar el nombre del doctor ella se asusta. Se asusta mucho más porque resulta que el ginecólogo al que habían llamado en el establecimiento de salud resultaba ser el ginecólogo que le había hecho la ecografía principal, y entonces entró en una especie de crisis de nervios, porque pensaba que la iba a reconocer y, por ende, iniciar un proceso de criminalización o se esperaba lo peor. Entonces fue muy, muy extraño, porque también me puso muy nerviosa y esos fueron sólo minutos entre que llamaron al doctor, el doctor llegó y nosotros estábamos adentro, en la sala, en el cubículo esperando y ella llorando en nervios, diciendo que no quiere, que no quiere proceder, que se quiere ir, que ya no lo quiere hacer, que no quiere que el doctor la revise. Fue en micro segundos yo misma tuve que sobreponerme a mis nervios, a mi miedo, tratando de tranquilizarla, de darle calma y de calmarme a mí y asumir que podría pasarse, podría poner peor, pero también asumir y esperar, no tanto lo peor, sino esperar que todo también podría salir bien y que, pues, ya estábamos ahí. Habíamos igual, obviamente, construido el discurso de que ella no sabía lo que le pasaba, solo tenía mucho dolor y sangrado, y quería mejorarse y sentirse bien. Entonces, sólo quedó asumir, continuar, y sobreponernos, y creer en que ella merecía ser atendida y creer en nuestra historia confabulada porque pues, lastimosamente, a veces nos toca asumir o tomar esas posiciones, sobre todo en países como el Perú, en donde la criminalización por abortar es bastante fuerte.

Entonces, fue bastante… como uno de los casos en los que puedo encontrar más significativo, porque a pesar del miedo, de los nervios, del riesgo incluso, seguimos, continuamos confiando en que todo iba a salir bien y abrazando también la conchudez, la conchudez pero también la certeza de que por más que aparentemente lo que decidimos hacer estaba mal, pues, en realidad, estaba bien. Todo lo que nos había motivado y llevado a estar en ese momento, aquel día, esperando la evaluación del doctor y luego su decisión y su prescripción de realizarle un legrado para la limpieza, me armó de valor y sé que, también, a quien acompañé. Gracias las fuerzas del universo todo salió bien, fue atendida sin sospecha de haber sido, o de haberse inducido o provocado el aborto, lo que me hacía sentir aliviada, me hizo sentir que es posible ser atendidas en los establecimientos de salud cuando un aborto autogestionado no resulta como se espera.

Sin embargo, me puso un poco triste pensar en que no todos los casos resultan de esa manera. No en todas las ocasiones a una mujer o a una persona con útero, que va a un establecimiento de salud con evidentes signos de un aborto las tratan igual, y eso responde a otros factores como privilegios, o factores que se entrecruzan como la raza, la clase, lo cual también me hace sentir frustrada en pensar que así funciona nuestro sistema de salud; lo que me hace pensar y sentir la urgencia de seguir trabajando, no solamente en democratizar los medicamentos por la autogestión del aborto, sino también continuar trabajando para la desestigmatización del aborto en mi localidad, incluso en mi país, porque seguiremos abortando, seguiremos acudiendo a los centros de salud para atenciones que no podemos gestionar desde las casas.

Y mientras, queda seguir confiando y creyendo, creyendo en lo que decimos, creyendo en lo que defendemos, creyendo en lo que hacemos. Aunque no sea reconocido, porque no es necesario que sea reconocido o agradecido por las otras partes para seguir creyendo que es urgente y necesario, valga la redundancia, seguir acompañando a más personas.