SI ERES UNA MUJER FUERTE
Si eres una mujer fuerte
protégete de las alimañas que querrán
almorzar tu corazón.
Ellas usan todos los disfraces de los carnavales de la tierra:
se visten como culpas, como oportunidades, como precios que hay que pagar.
Te hurgan el alma; meten el barreno de sus miradas o sus llantos
hasta lo más profundo del magma de tu esencia,
no para alumbrarse con tu fuego
sino para apagar la pasión
la erudición de tus fantasías.
Si eres una mujer fuerte
tienes que saber que el aire que te nutre
acarrea también parásitos, moscardones,
menudos insectos que buscarán alojarse en tu sangre
y nutrirse de cuanto es sólido y grande en ti.
No pierdas la compasión, pero témele a cuanto conduzca
a negarte la palabra, a esconder quién eres,
lo que te obligue a ablandarte
y te prometa un reino terrestre a cambio
de la sonrisa complaciente.
Si eres una mujer fuerte
prepárate para la batalla:
aprende a estar sola,
a dormir en la más absoluta oscuridad sin miedo,
a que nadie te tire sogas cuando ruja la tormenta,
a nadar contra corriente.
Entrénate en los oficios de la reflexión y el intelecto.
Lee, hazte el amor a tí misma, construye tu castillo,
rodealo de fosos profundos,
pero hazle anchas puertas y ventanas.
Es menester que cultives enormes amistades,
que quienes te rodean y quieran sepan lo que eres,
que te hagas un círculo de hogueras y enciendas en el centro de tu habitación
una estufa siempre ardiente donde se mantenga el hervor de tus sueños.
Si eres una mujer fuerte
protégete con palabras y árboles
e invoca la memoria de mujeres antiguas.
Haz de saber que eres un campo magnético
hacia el que viajarán aullando los clavos herrumbados
y el óxido mortal de todos los naufragios.
Ampara, pero ampárate primero.
Guarda las distancias.
Constrúyete. Cuídate.
Atesora tu poder.
Defiéndelo.
Hazlo por tí.
Te lo pido en nombre de todas nosotras.
Les comparto este poema de mi MUY querida autora Gioconda Belli. Siempre en sus escritos he encontrado respuestas y refugio a muchas situaciones que me ha tocado vivir.
Una de las experiencias más significativas, entre muchas la verdad en mi experiencia como acompañante fue con mi sobrina, quien para entonces tenía 18 años (ahora tiene 28). Según sus cálculos ella tenía 9 semanas de embarazo, me confié, no pedí eco y le acompañe en el proceso, cuando llegó el momento de la expulsión ya era un feto de 21 semanas. Ella lo sabía pero no me lo advirtió para que no me molestara con ella.
Recuerdo que sentí mucha rabia, desesperación y miedo porque no sabía qué hacer con el producto. Además me sentí engañada, en lugar de contenerla a ella, una niña asustada, desesperada, dejé que mi ego hablara y solo la juzgué y señalé, no solo en ese momento sino varios meses después de todo lo ocurrido.
Después de años de acompañar comprendí que las mujeres debemos tomar decisiones fuertes, sintiéndonos solas, tristes, angustiadas, desamparadas con la sensación o sentimiento que sea pero que al final siempre salimos adelante.
Recuerdo la frialdad (tenía que ser así) con la que ella, mi niña, se levantó de aquel inodoro envolvió al producto en una toalla y se deshizo de él como toda una mujer fuerte preparada para la más dura batalla en la noche más oscura.