En esta oportunidad decidí realizar una especie de narrativa bastante descriptiva en relación a mi experiencia más significativa.
En ella van a encontrar aspectos que tienen que ver, en principio, con ese primer acompañamiento que realicé, que hasta el día de hoy ha sido el más significativo. Primero porque fue, justamente, el primero, y porque lo realicé sola, por diversas circunstancias que se dieron en ese momento en el que no contaba con otras compañeras que me acompañen. Pero hubo ahí un proceso interesante de la previa, de encontrarme con esa mujer, del encuentro con ella y de lo que aconteció después, o el desenlace, que han sido como un mojón en mi vida, en esto de cómo quiero luchar activamente el feminismo y cómo quiero también acompañar las decisiones de las mujeres. Intenté ser lo más fiel posible a lo que me suscitó la pregunta provocadora, por así decir, del ejercicio, sin entrar en tantos detalles de modificación de la propia descripción.
La experiencia más significativa hasta el día de hoy como acompañante, fue la primera que realicé. La mujer tenía unos 35 años y era migrante sin un año de residencia en el país (causal que habilita a les migrantes con capacidad de gestar a acceder a un aborto en Uruguay teniendo un año de residencia), y estaba de unas 8 semanas aunque habia tomado contacto con la red previo a realizarse la ecografía. La verdad me sentía muy nerviosa de encontrarme por primera vez con ella, justo ese día estaba sola y había repasado al pie de la letra toda la información que debía brindarle, en que orden, los aspectos a destacar pero, minutos previos al encuentro empecé a dudar de si yo sería capaz de transmitir la información y a la vez generar un espacio de seguridad y confianza necesaria para que ella, y que además confiar en que lo entregado era medicación y que todo saldría bien, sin estar en riesgo su bienestar.
Recuerdo esos primeros minutos del encuentro con mucha tensión en mi cuerpo pero que fue poco a poco aflojando. A medida que charlábamos yo le contaba quiénes éramos Las Lilas. Recuerdo que ella me contó cuál era su situación laboral, que trabajaba como empleada doméstica con cama en una residencia de una zona catalogada de “cheta” en Montevideo. También recuerdo que me contó que su empleadora había intentado interferir en su decisión, información que me cayó como un balde de agua fría. Sentía que no tenía que reparar en aquella información e indagar al respecto pero hasta el día de hoy ha sido un detalle que no me pareció desapercibido. Me surgieron muchas dudas en torno a esa sugerencia por parte de la empleadora para con su “mucama”, como ella (la mujer a la que acompañe) se describe en su labor.
La instancia de intercambio ese día culminó con la entrega de la dosis correspondiente, y seguimos en contacto telefónico cuando ella finalmente interrumpió y luego se controló para quedarse con la seguridad de que todo había salido bien. Fue una mujer sumamente agradecida con la red desde el primer momento y también muy cálida, creo que sin duda fue una especie de bienvenida a esta labor de acompañar y a que gracias a ella no sólo pude realizar mi primer acompañamiento sino que inauguró este momento de vida.
Ese día salí de aquel espacio en el que nos reunimos muy feliz de haberlo hecho, y con el correr de los días, tras haberse efectivizado el aborto la sensación de tranquilidad fue aún mayor. Realmente sentía que de alguna forma se materializaba la lucha que yo estaba dando por los derechos sexuales y reproductivos, por la toma de decisión acompañada con información y acompañamiento empático y humano. Se había materializado mi deseo de que las luchas no fueran solo en las calles con carteles y cánticos, no solo en las aulas trabajando prevención y promoción con niñeces, sino que lo estaba haciendo con mujeres, con adultas capaces de decidir sobre sus cuerpos y sus deseos, y eso sigue siendo para mí, hasta el día de hoy, de los acompañamientos más significativos y enloque se materializa lucha feminista que decido dar cada dia.
Al día de hoy, habiendo pasado más de dos años, me sigue emocionado ese recuerdo, sigo recordando aquel rostro brilloso y esos grandes ojos con alegría, y sigo reivindicando que la lucha que quiero dar es así, poniendo el cuerpo, encontrándome con esas personas acompañando desde total entrega.