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Kalina nunca te olvidaremos

Pido la bendición y el permiso para llegar y empezar con un relato de historia vivida.

Piense en una chica joven, de unos 19 años. Kalina Margarina, de un pequeño pueblo del interior en que vive con sus padres religiosos de origen humilde.

Kalina estaba emocionada, era su primera vez en una fiesta y decidió probar un sorbo de esa bebida que todo el mundo decía que animaba. Pero, lo que ella no sabía es que en ese momento había algo más: la tal “burundanga”. De la nada, todo se volvió negro y, cuando despertó, estaba en un lugar que ni siquiera sabía dónde quedaba. Desorientada, sin ropa interior y con el cuerpo adolorido, sin entender nada de lo que había pasado. Y lo que es peor, ella nunca había experimentado algo así: pues aún no había tenido sexo.

¡El shock fue muy grande! Kalina regresó a casa intentando juntar los pedazos que quedaron de aquella noche. Pasaron los días, pero los recuerdos no volvieron.

Lo que vino fue un hambre, un hambre de esas que no se acaban.

Ella empezó a comer todo lo que encontraba, y eso hizo que su madre se enfureciera, porque era poco lo que tenían.

Después de investigar, hablar y sospechar que estaba embarazada, buscó ayuda para saber qué podía estar pasando. Ella tenía derechos, pero no sabía cómo acceder a ellos.

La asesoramos, acortamos la distancia y la ayudamos con comida, transporte y todo lo necesario.

Sin embargo, sus padres desconfiaban de que saliera tanto cuando siempre había sido una chica casera. Y en vísperas del procedimiento de interrupción, la castigaron porque Kalina estaba saliendo mucho.

Perdimos el contacto durante un tiempo, su móvil no funcionaba más. Pero lo que no sabíamos es que Kalina, tan lista como es, saltó el muro y logró llegar al hospital. Cuando logramos contactarla, descubrimos que había salido a escondidas y pudo hacer el procedimiento.

Cuando casi sentimos un suspiro de alivio, nos dimos cuenta de que el hospital, en lugar de ayudarla, la había castigado. Fue dolor, fue frío, fueron palabras duras, todo por ser joven, negra y por tomar una decisión que muchos allí condenaban.

Cuando Kalina volvió a casa, no tuvo paz: la golpearon y la echaron. La pobre Kalina, sin tener adónde ir, nos dijo que dormiría en la calle, que no era la primera vez.

No se lo permitimos y estuvimos allí con ella hasta altas horas de la madrugada, dándole todo el apoyo que necesitaba.

Cuando Kalina logró volver a casa, no era la misma persona, y ella misma dijo que: en adelante, iba a hacer las cosas de un modo muy diferente y que nunca nos olvidaría.

Kalina Margarina no sabe que nosotros tampoco la olvidaremos nunca.

*nombres ficticios

Son tantas historias y emociones, y con ellas, a menudo, la sensación de vacío, de silencio donde las manos no llegan.

Cuando siento lo que veo, cuando escucho lo que leo respondo con otra pregunta:

¿Cómo decido quedarme con lo que pasa?

Y viene la respuesta: FUERZA. La falta de derechos nos hace compartir, cada une cuidando del otre, a través del intercambio.

Pero lo que me cabe es entender que cada vez que doy un paso, el mundo avanza.


Metamor. Reforestar la imaginación. Imagen: Oráculo de la mujer salvaje