Recuerdo mucho cuando una chica que acompañé mencionó que su novio le había hecho daño y que estaba pensando en terminarle cuando abortara. Realmente la noté muy afectada por eso. En ese momento le dije que tal vez era la oportunidad de abortarlo también a él. Recuerdo que apenas colgué la videollamada estallé en llanto ya que en ese momento me encontraba atravesando una ruptura. Y me decía a mí misma: “Es tan fácil decirlo cuando a tí te ha costado alejarte de alguien que te hace daño”.
Recuerdo con algo de dolor esta experiencia porque mientras le aconsejaba también me hablaba a mí misma. Fue como un espejo. En lo que llevo acompañando, este trozo de recuerdo me hace agradecer este camino. Muchas hacemos esto porque una vez estuvimos allí, con incertidumbre, con miedo, tal vez solas, queriendo escuchar todas esas palabras que ahora como acompañantes les brindamos a las chicas que nos buscan para abortar. Creo firmemente que mi acompañamiento sostiene de la manera en la que yo hubiera querido ser sostenida.
Traer al presente esto me hace pensar que a veces la pena es inevitable, pero el activismo me ha llevado a sostener esas penas que el patriarcado nos ha dejado. Lloro, pero esta vez con agradecimiento y esperanza.
