Cuando empecé a acompañar fundé una colectiva con personas de la misma ciudad, pero por varias divergencias políticas empecé a sentir que ya no tenía sentido seguir con esas compas, entonces decidí desvincularme y acompañar en soledad.
Yo mantenía contacto con otras colectivas y activistas, y tenía cierta cercanía con compas de otro territorio que visitaba a veces cuando era posible, con quienes acompañábamos 2T y otras cosas.
En uno de esos encuentros me invitaron a hacer parte de su colectiva. Fue super importante para mí porque me sentí validade y reconocide por personas que admiro y sentía que priorizaban el acompañamiento en la vida del mismo modo que yo.
Con ellas entendí lo que significa estar en colectiva, planear construir, oír, discordar, llorar, celebrar, pasar dificultades y confiar en que todas las personas ahí están orientadas por el mismo propósito. En este momento, al recordar esa invitación, me siento feliz por haber confiado en mi intuición de no esforzarme para caber en un lugar en que intentaban podarme, desincentivándome a querer más, porque después de que encontré mi lugar, sentí que florecí.
Entonces quise representar esa sensación de florecer, del calor que multiplica, e hice lavandas porque esa planta tiene una historia en nuestra práctica de acompañamiento y en nuestra colectividad.
