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Empatía y respeto por la autonomía

Ser activista y acompañante es un acto profundo de empatía y respeto por la autonomía de las mujeres. Lo que me motiva es la capacidad de acoger, ofrecer alivio en medio del dolor y ver la fuerza en la resistencia a luchar por el derecho a decidir sobre el propio cuerpo. Es ver la belleza en el proceso, aun cuando el camino lleve a la interrupción. Enfrento conflictos internos, sea por mis creencias, por la religión o el miedo del prejuicio, pero elijo no callarme. Nosotras, mujeres, conocemos realidad y las presiones que enfrentamos y, por eso, es esencial no romantizar la gestación y la maternidad para aquellas personas que no están listas o que simplemente no desean

seguir ese camino. El respeto de la decisión, sin críticas o juicios, es fundamental, porque cada mujer merece ser escuchada y comprendida en su totalidad.

La Voz del Acompañante

En la acogida, una mano extendida.

Empatía que ilumina la oscuridad.

Alivio en medio del dolor vivido.

Un abrigo sereno, un corazón.

La resistencia es el eco de nuestras voces.

La certeza latiendo, fuerte y clara.

Decidir sobre el cuerpo es elegir.

En la belleza del proceso, el alma no para.

Conflictos internos se entrelazan.

Creencias que pesan, el miedo enraizado.

Religiones que gritan, las miradas que atraviesan.

Pero el silencio no es anhelo deseado.

No romantizamos lo que no se quiere.

La maternidad es canto, pero también dolor.

Respeto por la decisión, sin peso o herida.

Pues solo nosotras, mujeres, conocemos su clamor.

Autora: Resiliência (Resi)