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El tejido de los días

Estuve pensando en esas preguntas durante días. ¿Cómo aquello que se “debe negar” tiene el poder, justamente, de ocupar tal lugar? Me constituyo de mis acciones, convicciones, posiciones. Y sí, todo eso puede cambiar, la identidad nunca es una dimensión estática, sino dinámica. Sin embargo, es también algo que se estabiliza, que carga algo de innegociable, que perdura.

Esa identidad -la de acompañante de abortos, o acompañante de personas en sus itinerarios aborteros- tampoco es individual. Acompañar tiene un impacto tan fuerte en mi vida que, sí, a pesar de la clandestinidad y la criminalización, me constituye como sujetx políticx en mi entorno, me condujo a comunidades de prácticas de cuidado y a algunas personas con quienes deseo envejecer. Acompañar ocupa el espacio de la intimidad, tanto como el espacio de la calle. Es más: se hace en el tejido de los días.

Ese “saber-hacer”, más que una identidad, ocupa el lugar de oficio en mi vida, oficio aprendido y desarrollado con la ciencia y la urgencia del cuerpo y el deseo. Y en esa encrucijada, entre la aceptación y la negación, ¿qué pasa si un oficio no constituye también la identidad de un sujeto? ¿qué significaría para un agricultor que su derecho a la tierra le fuera negado para producir alimento para su comunidad?

Acompaño abortos y personas que abortan, no estoy pidiendo la autorización del Estado para serlo o hacerlo. Cargo ese saber en mi cuerpo, que se expande y toca otros cuerpos, con todo el conocimiento y tecnologías que pudieron ser cargados hasta aquí.

Tal vez esa identidad se constituya del sentido de las palabras que encontré, un día, en la calle, y no por acaso:

Amigx: la lucha, la calle, la vida es nuestra ahora. Experimente una vida paralela al sistema capitalista. Generé autonomía en todos sus movimientos.

Foto autoral, detalle de una pared en una calle de Cali, Colombia, 2023.