Mi activismo y lucha como acompañante de abortos son motivados por un compromiso profundo con el cuidado, la autonomía, el bienestar y la libertad de las personas que enfrentan esa decisión. Creo que todas tienen derecho a tomar decisiones sobre sus cuerpos sin juicios ni restricciones.
La falta de laicidad de un Estado se manifiesta de varias formas, pero una de las más impactantes es el modo en que cuestiones éticas y morales, como el aborto, son influenciadas por creencias religiosas. Cuando un Estado no es laico, tiende a adoptar normas y legislaciones que reflejan la moral de determinados grupos, en vez de respetar la diversidad de intereses de su población.
Ese abordaje no solo limita los derechos de las mujeres, sino que ignora la complejidad de las situaciones que llevan a decisiones sobre la interrupción del embarazo. El derecho al aborto debe ser visto como una cuestión de salud pública y autonomía personal, y no solo como una cuestión moral. La criminalización del aborto no impide que ocurra, apenas lo hace más peligroso e implica consecuencias graves para la salud de las personas.
Ser acompañante, para mí, es una forma de empoderar a esas personas, garantizando que se sientan acogidas y respetadas en un momento tan delicado. Además, vemos la importancia de luchar por políticas públicas que garanticen el acceso seguro y digno a servicios de salud reproductiva. Es fundamental que la discusión sobre el aborto sea desestigmatizada y que las personas puedan tener acceso a la información y los cuidados adecuados.
Mi activismo también se alimenta de la esperanza de crear un mundo donde todos puedan vivir sus vidas con libertad, dignidad y capacidad de decisión. Cada historia de superación y cada paso hacia la igualdad me inspiran a continuar esta lucha. ¡Estoy aquí para hacer la diferencia!

La imagen es una foto de uno de mis tatuajes, que es un esbozo de las características de la artista revolucionaria y feminista, Frida Kahlo. La imagen muestra el contorno de la cabeza que tiene una corona de flores rojas y rosadas y más abajo las cejas juntas que conformando montañas y luego los ojos dibujados apenas con trazos.