El acompañamiento más largo que tuve, fue en la pandemia, fue el 2021, la mujer tenía 21 semanas. Era una madre joven, estaba en sus primeros 20s, a lo mucho tendría 22 años, ya no recuerdo bien eso. Tenía un bebe de 1 año y poco más. Todo el tiempo desde que nos contactó, hasta el último mensaje que tuvimos se notaba la preocupación y cuidado que tenía por él, por su presente, por su futuro. Tenía una pareja igual de joven que ella, que la apoyaba, no era el papá de su bebe. Estaban los tres, viviendo en un cuarto en una zona humilde de Lima. Fue significativo por el tiempo que hablé con ella, probablemente el mayor tiempo de acompañamiento que he tenido, no solo por la cantidad de tiempo que estuvimos en contacto, sino, por todo lo que la pude ir conociendo. Además, también era y es el mayor tiempo de gestación que he acompañado. Recuerdo que empezó con las pastillas entre 8 y 9 de la mañana, no hubo ninguna expulsión hasta la noche. Desde la segunda dosis, tuvo dolores que poco a poco fueron incrementándose, recuerdo sus mensajes llorando por el dolor, la preocupación de que no hubieran funcionado las pastillas, de que tenga que ir al hospital y explicar lo que pasó, y en medio de todo eso, la preocupación de que su bebé comiera, descansará, que no la viera mal, la impotencia de no poder cargarlo mientras lloraba. Recuerdo hablarle a una de las compas del colectivo con más experiencia por las dudas que tenía sobre la placenta, sobre la impotencia que yo también sentía porque no hubiera resultados. Recuerdo la incertidumbre, la desesperación. El hablar con las dos en simultáneo, esperando que pase algo. Hasta que por fin paso, me mando una foto del producto en un balde. Recuerdo sentir un escalofrío. Salir del shock. Tratar de seguir sosteniéndola. Hablar con mi compa y decirle: «Esto es lo que deben sentir los hombres cuando ven la final del Mundial». Después de horas de mucho dolor e impotencia por fin había pasado.
Pensarlo ahora me genera un poco de tristeza. Ahora no sé nada de ella. Lo último de lo que hablamos fue de que estaba superando poco a poco la depresión que le había generado el proceso, y ver el producto en el balde. Le ofrecí acompañamiento psicológico que daba de forma voluntaria otra compa psicóloga, me dijo que lo pensaría, pero nunca se concretó. Seguía sintiendo la impotencia de no poder ayudarla. Luego dejó de contestar los mensajes, a veces me contestaba después de semanas, no respondía lo que yo le escribía, pero me contaba cómo se sentía. Lo último que me dijo fue que había empezado a leer un libro, que parecía de autoayuda, que la estaba ayudando, y que a pesar de todo sentía que su decisión había sido la correcta por su bebé. Me dejó un poco más tranquila…
Al año siguiente dejamos de acompañar procesos de más de 12 semanas, por el peligro que conllevan. En ese momento fui más consciente del peligro que pasamos esa vez. Me pareció válido que se replanteara, no es fácil asumir un acompañamiento de tantas semanas, y además es una responsabilidad con la compa que lleva la gestación, poder asegurar su seguridad, pero también sigue la impotencia de no poder ayudar a las mujeres que por x razones no pudieron hacer el proceso antes.
21 semanas
21 semanas
21 años
tal vez 22,
no más
un bebé
una pareja
un procedimiento médico, sin médico
una acompañanta
mucho dolor
mucha incertidumbre
muchísimo miedo
una mujer que resiste por su bebé
una mujer que resiste por su futuro
una mujer que resiste el dolor, la incertidumbre y el miedo
1 hora
2 horas
3 horas
4 horas
5 horas
6
7
.
.
.
Muchísimas horas
incalculables horas
horas de dolor y miedo
¡Por fin!
Una expulsión
Shock
sorpresa
alivio
rabia
frustración
tristeza
más dolor
Una mujer de 21 años, tal vez 22, no más, que resistió 21 semanas, no más…