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Dignificar

Cuando empecé con los acompañamientos tenía mucho miedo de no poder soportar las fotografías de sangre y de los coágulos que las mujeres enviaban para saber si eran producto de la expulsión. Al principio tenía mucha calma porque la mayoría de las fotos que mandaban eran coágulos, unos más grandes que otros, algunos rojos, y otros más claritos que parecían tejidos de la placenta, pero ninguno de ellos con la más mínima forma humana.

Pero, evidentemente, el día de ver un feto llegó y me sorprendí de que no sentí asco ni repulsión sino curiosidad y también tranquilidad. Me sentí tranquila porque lo que pensé que despertaría emociones negativas, como la culpa, no produjo más que el deseo de seguir acompañando y dignificando el aborto.

Puede parecer algo simple, pero siento que el estar expuesta a ese mismo tipo de imágenes que los anti derechos comparten para demostrarse en contra del aborto, las había visto como una manera de crueldad y que ellos buscan se vea como algo indigno, algo que no se debe mostrar sino pasar por la clandestinidad. Empero, así como la sangre de la menstruación, la sangre del aborto es natural que se derrame y corresponde al ejercicio de autonomía corporal.