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Desobedezca, mija, desobedezca

Mis ancestras me susurraron: desobedezca, mija, desobedezca. Por eso acompaño abortos, para continuar desobedeciendo.

Y si obedecer es rostificar, al imponer una manera de ser, de obedecer, de moverse, de proceder, de comportarse, de hablar, de vestirse, de amar… ¡de vivir! ¡un modo depensar y de sentir!, siendo el rostro la máscara que nos obligaron a usar, entonces, acompañar abortos es, para mí, deshacer el rostro, la rostridad, para hacer posible la producción de un común no identificable en la forma, sino constituida en su fuerza, fuerza de colectividad, fuerza de multitud.