Pienso que sí, primordialmente porque lo hago desde el feminismo y a mí el feminismo me cambió la vida, me cambió mi cotidianidad, mi forma de ver el mundo, mis decisiones, mi forma de pensar. Entonces, como lo hago desde ese lugar, conecto la respuesta en que sí, me impacta en mi identidad. No fue automático que cuando yo me planteé como feminista o asumirme como parte de un movimiento que comencé a ser acompañante, pero fue unos años después y fue como pasar a la práctica esa concepción. Porque aparte, siempre que milité feminismo lo hice desde los derechos sexuales y reproductivos, desde la sexualidad, la educación sexual cuando era más adolescente y bueno, el aborto siempre estuvo presente dentro de los debates, discusiones, reflexiones. Entonces, fue como pasar a la práctica de lo discursivo a dar respuestas también y a estar presente.
Esa identidad, en mi caso, se compone de varias cosas, de una identidad más familiar, de una familia, de una madre militante por el derecho al aborto. No fue de inmediato, al pasar de los años, cuando yo fui creciendo, me contó su experiencia personal respecto de sus abortos, pero además, también, me fui involucrando desde muy pequeña en la lucha por el derecho al aborto y a medida que me iba involucrando, me fue comentando con más confianza cómo ella acompañaba y el rol que tenía en contextos mucho más restrictivos de los que yo acompaño.
Por otro lado, tiene esta identidad feminista, o sea, esta identidad política-militante donde yo trabajo, donde yo milito que es “Mujer y Ser Uruguay”, que fue una organización que fundó Las Lilas y que ha apoyado y sustentado para que Las Lilas también puedan fortalecerse, sostenerse en el tiempo, y proyectarse a crecer más y a llegar cada vez a más gente.
También, tiene una identidad la parte política partidaria, digamos. Si bien no lo uno como una tarea militante-político-partidaria, porque lo hago desde el feminismo, sí esa identidad ideológica es la que a mí también me lleva a hacer y a la práctica de la solidaridad, porque yo soy comunista e históricamente el acompañamiento en aborto, el acompañamiento en sí, la práctica solidaria siempre ha estado muy vinculada a los movimientos comunistas, desde el Socorro Rojo hasta las brigadas internacionales solidarias. O sea, todo eso siempre se plasmó en la solidaridad, sobre todo con la clase trabajadora que es a quienes nosotros acompañamos como Lilas.
Ahí lo conecto profundamente con esa práctica política solidaria que no es simplemente lo electoral, los votos, sino también (estoy un poco con las elecciones que son ahora en cuatro días) es la práctica de construir comunidad, de construir formas distintas de sociedad y proyectarnos también de forma cotidiana a aportar a esa construcción de una forma distinta de sociedad.
Eso es un poco de lo que se compone en mi identidad, creo que un poco se superponen cosas, otras a veces son más difíciles de conectar, a veces siento que me desdoblo un poco en mi militancia. ¡Qué difícil conectar la militancia feminista con la militancia partidaria! Y mucho más cuando se vincula al aborto, y aún más, cuando se vincula al acompañamiento en aborto. Porque uno puede decir “hay que respetar la Ley I.V.E.”, y quedarse con un compromiso bastante superficial y es muy distinto ese planteo al planteo que hacemos en términos de narrativa feminista Las Lilas, creo que eso es algo que en mi identidad hace que tenga muchas tensiones, conflictos, molestias, enojos, angustias.
Pero bueno, al final, yo termino comprendiendo que vale la pena todo lo que compone mi identidad y en todo lo que yo le dedico tanto como acompañante; pero también, más allá de mi lugar como acompañante, sino mi lugar como militante feminista, militante comunista, en este mundo tan complejo en el que nos encontramos y en un país donde se habilita más la práctica, donde si bien es cuestionada a veces y tenemos nuestros márgenes complejos de la tarea de la que hacemos, de todas formas siento que es un caso bastante favorable hacerlo desde este lugar, en el sentido de que no estamos siendo perseguidas. Si recibimos ataques, pero es como una identidad que es más pública, algo que yo no escondo, no es que lo ando repartiendo por todos lados y hay algunas partes de mi tarea que veo con quién contar, pero creo que es una identidad pública, además, lo cual no me parece menor destacar.
Creo que eso es en general y después una identidad estudiante, que eso sí que me cuesta mucho más conectarlo con el acompañamiento en aborto. Pero, un poco de la respuesta creo que va por ahí: que sí impacta mucho y también como persona me ha impactado mucho.
Justo vengo de una semana muy agotadora entre las ansias, los nervios de las elecciones y el no parar esta práctica más social, popular, del estar presente, seguir acompañando, que termina siendo una doble, triple jornada militante y es muy agotador. Porque aparte, obviamente no es una práctica reconocida, entonces, si hay que salir a volantear, si hay que salir a pintar muros, si hay que salir a charlas o lo que sea, nunca se considera que, además, las acompañantes estamos acompañando constantemente.
