El acompañamiento, para mí, es ofrecerme, ofrecernos a otra con compasión, solidaridad. Es desafiar la política de muerte y dominio de los cuerpos con amor radical. A fines prácticos es también acoger, abrazar con el corazón, invitar una agüita, ofrecer una manta, un cuidado, un tecito. Atajar una mano, un mimito en la espalda, un “Tranquila, amiga. Vos podés, falta poco. ¿Y si caminamos un rato?” Es crear un espacio seguro, aunque sea transitorio. Un momento en el que reclamamos nuestros cuerpos, nuestras vidas.
