La imágen muestra una pequeña réplica del cuadro de Botero del año 2000 denominado “Las costureras”. Es un cuadrito pequeño que compré en una galería este año durante la participación por Las Lilas en la Asamblea de Red Compañera que se realizó a principios de mayo en Colombia.
En lo personal representa muchas emociones y sentimientos que tengo con el quehacer feminista de acompañar, con el tejer Red tanto a nivel nacional como regional y con el compartir tareas con otras compañeras que también realizan esta hermosa tarea.
En la pintura se ve una amplia diversidad de cuerpos, etnias, posturas y acciones, todas están haciendo algo distinto pero en su totalidad la imágen muestra una orgánica, todas tienen un rol, una tarea y un oficio compartido, el ser costureras. Este cuadrito me lo traje como un regalo personal para tener en mi hogar, como un recordatorio diario de mi identidad como acompañante feminista de abortos.
Muchas veces he tenido vicisitudes con ser acompañante, más que nada en contextos de mucho agotamiento acumulado y desgaste por casos complejos o sobrecarga de tareas, además porque en mi entorno más íntimo no han comprendido porqué le dedico tiempo y energías a ser acompañante de abortos. Este cuadro me reafirma en mi decisión personal y profundamente política de porqué continúo tejiendo Red, porqué continúo en Las Lilas construyendo resistencia feminista abortera y dando acompañamiento a quienes el sistema y la sociedad en su conjunto excluye y juzga.
La asamblea de Red Compañera en la que pude participar por primera vez desde que nos adherimos como Las Lilas, me llenó de convicciones y certezas, el ser acuerpada por compañeras que realizan esta tarea hace muchos más años y en contextos muchos más restrictivos y complejos me permitió darle mucha más perspectiva y contenido a nuestro rol en la sociedad y en el movimiento.
El cuadrito lo puse arriba de una de las pocas plantas que he logrado mantener viva en mi casa (soy muy mala cuidando plantas) porque cada vez más me convenzo que acompañar es vital, que decidir abortar es una forma de elegir la vida por sobre el deber ser y las obligaciones patriarcales de ser madre como único destino. Que aunque acompañemos a abortar, lejos estamos de ser asesinas, como nos acusan y persiguen, sino que defendemos y acompañamos el derecho a vivir vidas más dignas, con decisiones autónomas sobre nuestros cuerpos y las formas de transitar nuestro pasaje por este mundo.
En cuanto al cuadro lo conecté automáticamente con lo que “no se ve”, con la labor de millones de mujeres a lo largo de la historia de la humanidad sostienen sin ser reconocidas en lo público.
Las costureras, aquellas que trabajan en condiciones muy precarias en muchos países para hacer algo tan básico como vestimenta, abrigo, banderas, etc. y transforman desde el hilo, la aguja y la tela grandes en confecciones, obras de arte y belleza.
Muchas veces me ha indignado y molestado la participación feminista únicamente en marchas concretas o en actividades públicas donde te aplauden y sacan fotos, para después cerrar puertas y dar la espalda a las necesidades cotidianas de mujeres y disidencias que requieren apoyo, asesoramiento y acompañamiento para tomar decisiones políticas sobre sus vidas o para acceder a derechos básicos que les son negados.
En Uruguay, que el aborto es legal hace más de 10 años, me he encontrado con compañeras que hacen bellos discursos sobre la “ley IVE” y su importancia pero ignoran e invisibilizan las problemáticas de una ley que además es profundamente tutelante.
Encontrar mi lugar en el movimiento feminista, considerando que tengo 24 años y soy parte de esa última “ola” que incorporó a una masa enorme de mujeres, disidencias y sobre todo jóvenes al movimiento, me ha costado mucho y ha estado minado de tensiones y contradicciones internas.
Ser acompañante feminista de abortos le ha dado a mi vida una gran motivación para reafirmarme en la parte activa del movimiento feminista. El quehacer cotidiano del ser acompañante, tejer redes humanas y solidarias de respuesta, estar presentes y defender nuestros postulados en la práctica.
Incluso aunque pocas personas sepan qué hacemos en nuestra totalidad, qué tantas decisiones clandestinas acompañamos y de qué formas solucionamos los vacíos de una ley que deja por fuera a migrantes, a quienes tienen más de 12 semanas de embarazo o a quienes viven en lugares donde la respuesta de los servicios es expulsar a la ilegalidad.
Acompañar en crear distintos destinos, en la mitología se repite la imágen de destinos sellados, inamovibles e inevitables. Las nornas por ejemplo en la mitología nórdica, las hilanderas del destino, un destino que aunque busques formas de cambiarlo eventualmente te caerá a pesar de tu voluntad.
En la práctica las acompañantes demostramos que el destino no está escrito en piedra, que las mujeres podemos ser mucho más que sólo madres, que podemos decidir sobre nuestras vidas, nuestros cuerpos, nuestros presentes y nuestros futuros.
Para mí acompañar nunca fue resolver por las otras, acompañar ha significado abrir ventanas, destrabar puertas y romper cerraduras. Hacer y deshacer en conjunto con quienes acompañamos posibles soluciones, caminos y decisiones.
Hilar, coser, descoser, cortar y tejer nuevamente con cada mujer que llega a la Red buscando una mano, una alternativa y una respuesta digna a la decisión que quieren tomar, la decisión de abortar y construir tantos otros destinos posibles y deseables.
Por último, el arte la relaciono a la pregunta con algo que me ha motivado a ser acompañante, tejer redes. Tejer Red Las Lilas y tejer Red Compañera, tejer en colectivo y sabiendo que no estamos solas.
