Soy acompañante desde hace poco más de un año. Recuerdo que en esas épocas para mí era difícil sentirme sola en el camino de la lucha por los derechos de las mujeres. Las compañeras con quienes solía habitar esa lucha ya no tenían presencia en mi vida, y eso lo hacía más difícil. Pensaba, “no tiene mucho sentido transitar este camino sola, ¿no?”.
Una de mis frustraciones más grandes, además de la soledad, era también que quienes me rodeaban centraban su activismo en las discusiones académicas, citando a teóricas en cada argumento. Sin embargo, a pesar de que reconozco la importancia de la academia feminista, eso no me llenaba, sentía que hacía falta algo, sentía que quería mi activismo basado en la acción directa, en la lucha colectiva por apañar los derechos que desde las diferentes instituciones han sido negados. Quería hacer algo.
Cuando tuve la oportunidad de integrarme a Las Parceras no lo podía creer. Veía muy lejana la posibilidad de ser algún día partícipe de una iniciativa como esa. Fue aún más sorprendente cuando empecé a formarme con ellas, a cambiar muchos de los pensamientos que tenía acerca del aborto y de los mismos juicios que en mi interior salían hacia las personas que abortaban.
Pude empezar a abrazar el aborto como un ejercicio de libertad y de autonomía corporal que no se le debería negar a nadie, y, sobre todo, algo que también se puede vivir desde la alegría y la tranquilidad.
Después, cuando empecé a acompañar abortos, tenía un imaginario de acompañamientos muy asistencialistas, me asustaba que algo malo fuera a pasar y sentía que debía estar encima de la persona, pero me sorprendí mucho al ver la diversidad con que cada una vive su proceso: no todas necesitaban de mí lo que yo pensaba que debería darles.
En todo este camino los aprendizajes no hubiesen sido posibles sin mis compañeras con quienes he nutrido mi experiencia a partir de su empatía, de sus claridades, de sus dudas y también de sus alegrías. Compartir con ellas ha sido muy importante para mí porque hemos construido colectivamente maneras cuidadosas de abortar y de acompañarnos mientras acompañamos a otras.
Ha cambiado mucho en mí la prisa por saberlo todo y por tener todo bajo control, porque también es preciso confiar en las otras y comprender que no todo se debe asimilar bajo la lupa de la mirada medicalizada de los abortos; he aprendido también a confiar más en las hierbas, en los augurios, en las posiciones de yoga, y en muchas estrategias más de las que los de bata blanca no harían uso.
