Para mí el acompañamiento de abortos es una forma de acción directa feminista, en el cual nos acompañamos en colectividad para garantizar abortos dignos y seguros, como respuesta también a que el Estado no nos ha garantizado ese derecho. Es respaldar decisiones sin juzgar, sin pedir explicaciones, ni tampoco pedir que se tomen medidas para que no se “reincida” en el aborto (como pedirles a las acompañas que planifiquen).
Acompañar se hace desde la complicidad, debido a que muchas acompañas necesitan ciertas condiciones para su seguridad, como fingir abortos espontáneos, o buscar maneras en las que la familia no se entere. Acompañar es ser cómplices de esos actos de libertad, actuando siempre desde la empatía y el cuidado.
El acompañamiento también es una práctica en la que necesitamos del apañe de otras, tanto de la autonomía y fortalezas de quienes acompañamos, como también del compartir saberes, experiencias y sostener las preocupaciones de otras acompañantes. En este proceso es indispensable el compromiso de comunicación porque las acompañas porque ellas son nuestros ojos en su proceso, ya que se hace desde la distancia.
Finalmente, quiero decir que el aborto es un proceso en el que hay que reconocer la diversidad. No todos los abortos se vivencian de la misma manera, porque todos los cuerpos son diferentes, porque abortan mujeres, personas trans, no binarias, negras, indígenas, campesinas, personas empobrecidas, lesbianas, y muchas más.
