La práctica de acompañamiento es bastante compleja, es muy gratificante sí, pero a veces las historias por detrás son duras. A veces hay dudas o miedo. Normalmente eso se puede resolver en las reuniones, pero otras cosas como parejas violentas, violaciones u otras situaciones no son tan fáciles de resolver, y lo nuestro suele ser apaciguar la tormenta y solucionar con lo que podemos, pero cuesta no llevarnos las cosas, cuesta que tras pasar la puerta todo lo que pasó se quede ahí. Pero como lo malo no se va cuando termina la reunión lo bueno tampoco, el agradecimiento que sienten, la tranquilidad en el aire después de una consulta es lo más reconfortante.
Es una práctica que no es algo que simplemente una hace, se vuelve un aspecto de nuestra vida, parte de quiénes somos. No acompaño abortos, soy acompañante de abortos. Podría parecer lo mismo pero en ese cambio de palabras está el hecho de que las 24 horas del día la práctica está en mí, pensando para cuándo reunirme, pensando cuándo tomaba cada pastilla, estando atenta ese día, pendiente de la ecografía que se hace después. Siempre aprendemos algo de ellas y esperamos que ellas de nosotras también, su tranquilidad puede ser lo que mejore mi día oscuro, o en mis dias buenos su compleja situación emocional lo que me haga notar que no puedo desistir y la lucha feminista está en cada rincon.
Nunca sé con qué caso me voy a encontrar, tampoco sé qué voy a aprender, lo único que puedo asegurar es que la práctica es una montaña rusa constante en la que me alegra muchísimo estar a bordo.