Al igual de lo que motiva mi lucha feminista entiendo al aborto como un acto de rebelión, el de reconquistar un territorio que nos ha sido usurpado: el elegir cuándo, cómo y dónde abortar.
El abortar ha sido el evento de nuestra sexualidad más medicalizado según mi perspectiva; acompañar para mí es un acto de humanizar esta práctica que actualmente muchos consideran solo una práctica médica, cuando es en realidad una decisión propia, a veces dicotómica, que conlleva un proceso interno, que particularmente el Uruguay ha tratado de burocratizar con los tan famosos (y odiados por las acompañantes uruguayas) cinco días de reflexión obligatoria, que se perciben como una manera de seguir controlando y dirigiendo procesos de nuestra sexualidad; imponernos tiempos arbitrarios para reflexionar, seguir gestionando ellos algo de lo que nunca debimos dejar de ser dueñas.
Acompañar abortos como forma de encontrarnos entre hermanas, colectivizar experiencias, hacer lo desde la horizontalidad donde todas estamos paradas en un mismo punto y desde ahí nos podemos ayudar, no desde un estado/institución médica que provee y decide de manera paternalista.
Me motiva la idea de seguir haciendo nuestros todos los territorios que un día dejaron de serlo, siendo nuestro cuerpo el más importante.
Nota: En esta ocasión no he hecho ninguna producción artística por falta de creatividad.