Para mí la práctica de acompañamiento en aborto (IVE en nuestro caso) tiene que ver con la premisa del feminismo sobre la soberanía de nuestros cuerpos, a la que tanto nos costó llegar y a veces parece que a nivel social solemos obviarla o desestimarla, atacándola los grupos conservadores, pero también desde los feminismos con algunos discursos reactualizados.
En esta idea de soberanía conlleva también a mi criterio otros puntos como la solidaridad fundamental, que hemos entendido como sororidad desde los feminismos, aunque como plasmé en alguna tarea anterior, actualmente me inclino más a hablar de affidamento, entendiendo que muchas veces se llega al aborto en situación de vulnerabilidad (o vulnerabilizadas) dada la precariedad de los sistemas de salud y el ejercicio de arbitrariedades del personal producto de prejuicios, estigma, etc. a lo cual también entiendo que la práctica de acompañamiento contribuye a contrarrestar y desarmar.
Por otro lado, identifico la horizontalidad como un proceso de transformación recíproca, donde quien acompaña no se posiciona desde la jerarquía, sino que valora las decisiones, emociones y tiempos de quien lleva a cabo un aborto, garantizando su autonomía y ofreciendo la información y el apoyo sumamente necesarios.
Por último, comprendo a su vez al acompañamiento en una dimensión de justicia social más amplia que tiene que ver con el acceso a los servicios de salud, sin ningún tipo de privación de los derechos sexuales y reproductivos, y como una acción política de resistencia ante la configuración estructural patriarcal que la hace necesaria.