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Más que testimonios

Creo que las experiencias significativas son una constante en nuestro quehacer como acompañantes. A lo largo del tiempo, algunas experiencias sobresalen justamente por las emociones y constelaciones de sentido que provocan. Fui escribiendo cuentos a partir de los relieves emocionales que esas experiencias fueron provocando en la piel de la memoria, hasta lidiar con casos que se configuran como cartografías complejas, que requirieron no solo palabras sino cuerpo, presencia, permanencia.

Estoy atravesando una de esas en este momento. No es excepcional que mujeres que buscan abortar estén en rutas de fuga de feminicidio. Ellas lo intuyen. Los privilegios marcados por raza/color, condición socioeconómica, edad, migración y otros que permiten trazos de ruta diferentes, unos más efectivos que otros. En el extremo de todo, está la sobrevivencia. Un día, historias que dicen que un embarazo hace más vulnerable la fuga, que las violencias aumentaron con el embarazo, que aquel embarazo es resultado de violaciones colectivas y que nadie creyó en esa persona, llegan a nosotras como testimonio. Hay una comprensión tácita entre nosotras, sobrevivientes de la violencia patriarcal: sabemos qué es un pedido de ayuda, cómo decirlo y cómo escucharlo. No todo pasará por el Estado, pues es él el primero que nos condena.


Foto autoral, afiche de una calle de Cali, Colombia, 2023.