Ay qué alivio
no tener que justificar.
Con 7, 12, 20 o 24
acoger,
sangrar juntes
y disfrutar al plantar.
En esta maceta nacerá una flor
y juntes brindaremos
por el brote de la vida
por tu libertad
por el conocimiento negra-indígena
por la tecnología ancestral
de las hierbas a los comprimidos
la ciencia clandestina
que sigue salvándonos
(Texto de autoría).
Dicen que la primera vez siempre marca, independientemente de lo que sea. Mi primer acompañamiento de segundo trimestre de gestación fue el que me marcó. No recuerdo su nombre ni el mes o el año en que ocurrió, pero no olvido la sensación de ver por primera vez la foto de un feto con más de 20 semanas.
Estaba con otras compañeras experimentadas que me estimularon a aprender y apoyar en ese proceso. Recuerdo que tuve un diálogo bíblico con la persona, pues estaba en la línea tenue de su decisión versus el peso moralista y religioso que vivía en el ambiente familiar.
Los años dentro de estructuras religiosas y la vivencia de una espiritualidad me ayudaron a acogerla y mostrarle que quien acompaña también es diversa.
Ella nos envió varias fotos de lo que estaba expulsando a lo largo del procedimiento. Ella estaba en casa, en su ambiente confortable, con una persona de confianza haciendo un aborto 2t. No vemos eso en las producciones académicas.
Cada foto hacía que mi estómago pesara, pero la última, la del procedimiento final me dejó en estado de shock. Nunca lo había visto y aunque ella decía que estaba bien, todo el repertorio del sentido común conservador, religioso y elitista me pesó.
Yo me sentí mal mientras la acompañada se sentía libre, feliz.
Lo más gracioso es que no pude ver la imagen más de 3 segundos, pero la siguiente semana decidí que no haría abortos de más de 15 semanas.
Pasé un tiempo con el estómago revolcado, viviendo un luto que no era mío y de un ser inexistente. ¡Cómo nos atan los lazos del fundamentalismo religioso!
Seguí acogiendo personas hasta el primer trimestre, escuchando historias vivas y alegres de quienes pudieron hacer respetar su autonomía, su libertad y ciudadanía aún en la clandestinidad. De manera paralela, fui reflexionando sobre lo que necesitaba entender de mí que se manifestaba en la repulsión y tristeza que sentía y fui recordando cómo la acompañada quedó aliviada y feliz por poder hacer su aborto.
Hoy me hace feliz poder ayudar a esas personas a plantar sus abortos.