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Mburuja poty

Mi abuelita, a mí y a mi hermana nos decía “Mburuja poty”. Decía que éramos tan hermosas como esa flor, la pasionaria, una flor dulce, con fruto con propiedades sedativas, alimento de moscones y abejas, que te pone a dormir.

Tengo la flor tatuada en mi hombro izquierdo, los pétalos son verdosos, el centro son hilitos lilas. Creo que mi identidad fue muy marcada por la influencia de mi abuela, ella curaba con plantas, muchas veces vi que le daba pohá ñana a mi mamá para que le baje la menstruación. Sabía todo de las plantas y cómo curar con ellas, cómo resolver apuros también, cuando yo me embaracé no me animé a decirle, pero sé que si le contaba que iba a abortar me hubiera apoyado. Era como la planta de ruda ella, si puedo representarla en una planta como hizo ella conmigo.

Acompañar abortos es algo que hice desde el momento en que superé mi proceso. Cuando alguna persona necesitaba abortar, le daban mi número, incluso antes de ser parte de Estamos Juntas, y es que tomar esa decisión no es fácil, pero para mí, significó mucho encontrar una salida a ese determinismo orgánico de estar con un retraso, significó que podía seguir soñando con un futuro en donde podía decidir por mí. Así que jamás me he negado a mostrar el camino que tuve que andar para escapar de esa maternidad como condena.

Mi madre no quería tenerme, siempre lo dijo, fue un accidente que marcó su vida, decidió continuar con el embarazo. Soy la consecuencia de malas decisiones, también eso marcó nuestra relación, la llenó de reclamos de su parte hacia mi sola existencia. Desde entonces supe que no quería que me pasara a mí.

La hermana de mi tía, hermana de mi madre, fue como una hermana mayor para mí, se embarazó a los 16, mi abuela quiso llevarla a abortar, mi mamá se opuso, así nació Sofía, la primera bisnieta de mi familia y hasta ahora la única.

Mi prima se tuvo que casar con un hombre diez años mayor, sufrió mucho. Mi mamá estaba orgullosa de su intromisión, yo le reclamo que le destruyó la vida desde que tengo 18 años, desde muy chiquita sé lo que significa una madre que fue condenada a ser madre, y une hije que es consecuencia, y no un deseo.

Toda mi historia me llevó a elegir el camino de acompañante, ahora con otras, ahora con amigas, ahora no desde la historia trágica de escapatoria, sufrida y dolorosa. Acompaño ahora con certeza y amorosidad, con constancia, entregando mi tiempo y mi paciencia a otras mujeres que quieran y elijan con consciencia.