Acompaño porque cuando yo aborté no tuve una amiga feminista que me contuviese, me dijera que todo estaría bien sin aprovecharse de mi desesperación y sacarme dinero.
Abortar, de todas formas, para mí fue volver a nacer. Fue una segunda oportunidad. Reivindicar que mi cuerpo y su biología no era un destino, de esas cosas en la vida sin solución. Elegí mi proyecto de vida por primera vez, con 21 años.
Soy psicóloga, estaba en segundo año cuando aborté. Una profesora de Psicología Evolutiva decía que quienes abortaban desarrollaban traumas por hacerlo, nada más distinto a lo que yo había vivido. Supe ahí que mentía, tenía que decirles a todas esas otras mujeres que elegirse por sobre lo que nos mandan no es traumático. Es, sin embargo, lo más cercano a salvarte de un grave accidente de tránsito. Se siente como un enorme alivio, se siente como que todo en la vida tiene solución menos la muerte, que es de verdad parte del ciclo de vida de todo ser vivo.
Acompaño en una casa con amigas, con enfoque feminista, amorosamente, con ternura, con presencia radical. Con estas acciones les demuestro que hay otras historias posibles que rodean al aborto, puede ser una ceremonia donde renacer, donde te das otra oportunidad, donde te elegís, donde sentís que sos muy fuerte, y donde sentís que no estás sola. Hay muchas otras como vos, luchando por la verdadera liberación, siendo desobedientes. Venceremos.
