Saltar al contenido

Un establo

Bueno, mi recuerdo me lleva al día de acompañamiento en familia: una mujer, su hijo de 2 años y dos de nosotras en mi casa.

El acompañamiento duró muchas muchas horas, la verdad fue muy agotador. Mientras una acompañaba, la otra niñereaba: jugamos, pintamos, tuvimos la tarea también de ganarnos la confianza del pequeño que estaba con nosotras, para que pueda darle un poquito de espacio a su mamá. No es nada fácil entretener a una criaturita por tanto tiempo. Además, nosotras no contábamos con que íbamos a estar tanto tiempo ahí. En fin, nosotras ahí caminando, elongando, ajenjo, reforzando los remedios, pintando, comiendo, siguiendo, paseando en el patio, sentadillas, siestas con el bebé.

En la sala de la casa montamos campamento. Para la noche, estábamos todas bastante agotadas, pero parecía que estábamos en el trecho final. Para ese entonces ya habían llegado otras compañeras para apoyarnos, el día se había extendido bastante. Luego de una de esas siestas, el niñito se despertó. Lloró y lloró porque su mamá no podía ir junto a él, así que fuimos junto a ella que estaba sentada en el inodoro con mucho dolor. Estábamos cerca, ella parecía poseída por el dolor.

Él, asustado, solo quería a su mamá, así que ese último trecho pasamos todos en el minúsculo bañito. Ella con su bebé abrazadito a su pecho, los piecitos de él sobre la panza de ella, las compas dando apoyo: una ayudando a respirar, otra ayudando a apretar, otra con aromaterapia. Momentos cargados de mucha tensión, sentimientos, dolor, aguante.

Finalmente sucedió, y llegó el alivio para todas. Mientras ella se daba un baño, gestionamos las cositas, luego cenamos alguito, conversamos brevemente sobre lo que vendría después y finalmente nos separamos. Normalmente con los acompañamientos -y esto a título personal- entro en modo resolución y apoyo, la reflexión es siempre posterior. Esa escena final quedó grabada en mi mente como aquella del pesebre, pero resignificada. Ella con aires de santa, en el medio, siendo madre ya y a la vez decidiendo interrumpir su embarazo. Alrededor, las reinas magas, asistiendo. Muchas complejidades convergiendo en ese bañito-establo donde, resistiendo a los poderes de la muerte, acompañamos la decisión de alguien sobre su proyecto de vida.