Quizás no había pensado tanto en el significado de la palabra acompañamiento hasta que entré a la Red y empezó a tomar muchos matices. Era el acompañar a las personas que nos contactan, que no solo quieren abortar sino estar acompañadas durante su proceso, no estar solas, tener cómplices cercanas en esta vuelta a la autonomía. En su decisión. Pero también se convirtió en acompañarnos entre nosotras, las integrantes de la Red, en las presencias, ausencias, en medio de la situación cada vez más compleja del país, en las alegrías por los avances de la legislación en Argentina, México, Colombia, en la preocupación por los retrocesos de otros países de la región.
También acompañarnos a crecer como personas, que dejan la adolescencia y entran a la vida adulta, o que desde la vida adulta van entrando a ¿la vida más adulta? Acompañar a tantas compañeras cuyo pelo se ha vuelto blanco en estos años, que han tenido hijes, acompañar sus propios abortos, tan diferentes a los de las acompañadas, tan dignos, tan tranquilos.
Y luego fue tomando el matiz de acompañar, desde otro punto, también a la familia, a las amigas, en otros momentos de su vida, que no tienen que ver nada con el aborto ni con el activismo. Acompañar los duelos de mi mamá que ha perdido a su papá, a su tía. Acompañar a mi hermana en su maternidad, y a mi papá en su jubilación. Acompañar a las amigas en sus cambios de trabajo o rupturas de pareja. El acompañamiento, como palabra, como acción, es vincularse a las personas desde la escucha activa, desde realmente concentrarse en lo que la persona me está diciendo sin estar pensando en mi respuesta, sin pensar que mi respuesta es más importante que aquello que está siendo compartido conmigo. De alguna manera también es asumir el rol de personaje secundario y sentirnos cómodas en él. No somos las protagonistas de todos los eventos que nos rodean y está bien no estar siempre al cargo, al mando del bote, no tomar decisiones si no se nos está pidiendo aquello.
Desde la ansiedad y las ganas de cumplir este rol resolutivo, eficiente, intenso que muchas nos hemos puesto a nosotras mismas existe el ímpetu de anular el posible sufrimiento o problemas de todas las personas que nos rodean. No obstante, el acompañar le pone una velocidad y matiz diferente a esta respuesta a veces ansiosa, que interrumpe, que quiere cambiar, imponerse, resolver. Es el aprender a mirar los tiempos, necesidades, prioridades de las personas que acompañamos y, como si estuviéramos en el océano, flotar según el ritmo que nos proponen, un ritmo en el que estamos inmersas y no podemos manejar.
Esto lo conecto con algo que me ha dado muchas vueltas en la cabeza últimamente, sobre como la salud mental no es individual, sino colectiva. Y que las respuestas a dolores profundamente arraigados en las injusticias estructurales del mundo no pueden ser resueltos únicamente con terapia individual, sino que mientras más conectadas estemos con nuestra comunidad y más esta tome en serio la salud mental y nos ayude a salir adelante más podemos hablar de una respuesta de verdad a la depresión, ansiedad, pánico. Situación contra la que muchas personas batallamos a diario y que se sienten tan palpables y reales en el contexto actual del país donde hemos pasado 6 meses de sequía extrema, 14 horas diarias sin luz, con el sonido enloquecedor de generadores de electricidad, con familiares perdiendo el empleo a diario, con amigos migrando cada mes. Y pensaba también como el acompañarnos en medio de lo que parece al puerta del apocalípsis, es un llamado a la calma, a no ahogarnos en nuestros propios pensamientos, a afrontar las visicitudes no desde la acelerada visión y mentalidad de tiburón de querer comernos el mundo todo el tiempo, sino desde algo diferente, el sentarnos a escuchar, a mirar, a estar, con alguien que nos necesita, y a quien solo el mero hecho de nuestra presencia puede resultar tranquilizador, aunque no digamos nada, aunque no tengamos la solución, aunque lo único que podemos ofrecer ese momento sea nuestro tiempo y nuestra calma, la calma que puede dar el no estar viviendo exactamente el mismo problema ese momento, pero poder imaginarlo, poder sentirlo un poco a través de acompañar en ese momento. El priorizar ser el soporte de una persona para tejer lazos, tejer comunidad, tejer el mundo con el que soñamos, el mundo que aún en la puerta del apocalìpsis vemos que puede llegar a existir si seguimos trabajando por él.
Sin esta pregunta quizás no habría llegado a reflexionar como el acompañar es una actividad tan cercana a la meditación, a la consciencia plena, a estar
cien por ciento presentes. Un llamado a la calma y a la paz. Un reseteo de nuestra cultura consumista y atolondrada. Un aprender a estar de la mano de alguien más que nos necesita y que también nosotras necesitamos, porque no hay manera de sobrevivir fuera de la comunidad, y esta es la comunidad por la que nosotras decidimos apostar.