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La necesidad de acompañar

Entré a la Red en un momento bisagra de mi vida. Estaba en el último año de universidad y bastante perdida sobre lo que quería hacer a continuación. Tenía mucho miedo del futuro y ninguna certeza. Ahora la Red es básicamente al rededor de lo que gira mi vida, porque no solo acompaño y milito activamente sino que también estoy desarrollando mi carrera profesional en torno al aborto, tanto en acciones para que deje de ser delito, como en la investigación sobre el mismo. Entonces he llegado a un punto en el que no puedo imaginar como hubiera sido mi vida sino me volvía acompañante, porque no sé que camino profesional hubiera tomado o si quizás hubiera cultivado algún pasatiempo específico, que tipo de personas hubiera conocido en mi camino, si quizás hubiera aprendido otro idioma, o me hubiera mudado del país. No tengo idea que hubiera sido de mí con todo ese tiempo que hubiera tenido de no estar en la Red.

Antes de entrar a la Red había sido activista en otras colectivas y por otras causas, especialmente ambientalistas, siempre alimentando una frustración de no realizar actividades concretas que efectivamente cambien una realidad, de no especializarnos en algo, de querer luchar contra todo y contra poderes enormes que no parecían tener puntos débiles. Al inicio no tenía mucha fe al acompañamiento porque, precisamente, en otros activismos no había podido experimentar un cambio o sentir que todo el incansable trabajo servía para algo.

Pero el acompañamiento en aborto es algo que precisamente necesitaba para mi espíritu militante, porque podía ver en cada aborto culminado, en cada acompañamiento terminado, eso que me faltaba antes para darle sentido al activismo, un cambio ejecutado, una realidad concreta que cambia, algo que representa un problema enorme, para alguien más, solucionado. Además el ver a las acompañadas, al dar la información de manera presencial, al observar como llegaban nerviosas y con miedo y como se iban con una sonrisa y paz en ellas me terminó de enamorar de la Red y de convencer de la urgencia con la que necesitamos como sociedad que cambie nuestra relación con el aborto.

Recuerdo claramente en una ocasión, una amiga que milita en un Movimiento que realiza trabajo en Barrios Vulnerables de una de las ciudades más grandes y peligrosas del Ecuador, me comentó que no entendía porque nos dedicábamos únicamente al aborto y no a algo más, al feminismo en general quizás, a violencias, a dar talleres, es decir creía que a la final era muy limitado lo que hacíamos teniendo una Red tan grande, en tantas ciudades y con tanta llegada. En ese momento pensé que no había mucho más que podríamos hacer en verdad, porque lo que hacíamos ya era enorme y un cambio enorme tanto a nivel individual como a nivel del país. Y volví a responderme la pregunta que me hacía antes de entrar a la Red, yo tenía mucha avidez de participar en un movimiento social en el que pueda ver y sentir un cambio, y en esta Red no sentía la necesidad de hacer algo más a parte de acompañar abortos, y trabajar por la despenalización social y legal de este. Porque al ponerle cabeza y corazón para que cada aborto sea digno, feminista, seguro, acompañado, reparador, ya estábamos haciendo tantísimo. Creo que este fue un cambio potente en mí, el poder confiar en que a través del activismo y militancia sí se logran cambios y que no está mal centrarse en un solo aspecto, aunque parezca pequeño, de una sistema de injusticias estructurales para desde ahí realizar cambios enormes.

Entonces más que sentir un cambio en mi vida, creo que ha sido mucho más profundo. Ser activista en una red de acompañamiento en aborto ha hecho que mi vida se configure al rededor de poder ser activista y poder sostener todo lo que necesita el activismo para poder seguir siendo. Con todo lo que implica: priorizar viajes con las compañeras antes que con la familia, no poder aceptar ciertos tipos de trabajo, alejarte un poco de vínculos que no comprenden o no están

abiertas a comprender todo lo que significa el trabajo activista, y tu a su vez ya no comprendes como es una vida sin activismo, generar nuevos vínculos que comprenden profundamente de que se trata tu vida. Aprender un montón de medicina y salud, cosa que jamás me hubiera imaginado que me gustaría tanto. Darme un poco de paz en medio de la costante angustia existencial de no saber para que estamos en el mundo o poder decidir que queremos hacer en el mundo, porque la Red y el acompañamiento ha podido ser una actividad que me motive a levantarme todas las mañanas y a continuar, a dar orden a mis días, a mis meses, a mis años y a perseverar. No sé quién sería sin la Red y no me asusta, todo lo contrario me da claridad y paz. Me alegra haber tomado la decisión de que en un momento tan importante de mi vida haberme permitido formarme y moldearme dentro de una colectiva que le apuesta a la justiticia reproductiva, social, a lo comunitario, a la asamblea y a no dejar de soñar en un mundo mejor para todas y todes.