Saltar al contenido

Atravesar la cuerda floja

Recibí el teléfono y escribió Carolina, una chica que coincidía conmigo en la edad. Ella tenía una bebé de meses, estaba muy nerviosa ante la escasa información que hasta el momento tenía sobre un proceso de interrupción. No sabía si perdería la vida o si quedaría con secuelas físicas después del proceso.

A pesar de sus miedos ella estaba muy determinada en la decisión. Al otro lado del teléfono intentaba explicar las razones por las que había quedado en embarazo e insistía en exponer los motivos para no continuarlo. La dejé expresarse, pero le conté que nosotras no juzgábamos estas decisiones, que era para nosotras válido que en cualquier circunstancia se quisiera abortar abortar, porque era algo normal en nuestro ciclo reproductivo y lo habíamos hecho por siempre. Una vez dicho esto, ella entró en confianza. Procedí a darle la información a Carolina, revisé su eco, le expliqué las opciones, las dosis, los pasos a seguir para conseguir el medicamento, los cuidados previos, y le dije que me contactara nuevamente una vez tuviera el medicamento en sus manos.

Así lo hizo, cuatro días después dijo que tenía el medicamento, hizo preguntas sobre las cuestiones logísticas: como alimentar a su bebé, como dejar comida preparada para ella, qué hacer frente al dolor, qué hacer frente a una emergencia, etc.

Una vez iniciado el proceso ella se dejó acompañar de una manera maravillosa, me trasnoché al otro lado de la línea, confió plenamente en el saber de las feministas, en todo nuestro conocimiento compartido, construido colectivamente y actualizado. Escuchaba, con miedo y todo decidió confiar, y todo salió bien. Finalmente se despidió agradeciéndonos, agradeciéndome. Nos expresó su alivio, su alegría de poder hacerlo sin contratiempos. Ella quiso vivirlo sola, sin compartirlo con nadie, solo con una amiga que vivía en el extranjero y con nosotras desde la línea.

Pensando sobre una experiencia significativa en estos años, no sabía por cual decidirme para contar, y me decidí por la de Carolina, porque creo que nos hace bien compartir la tranquilidad de un acompañamiento con quien a pesar del miedo decide confiar como una acróbata que sale victoriosa tras atravesar la cuerda floja.

Version 1.0.0