Me contactó a través de Facebook una muchacha que estudiaba en la misma universidad que yo para consultarme por los números de La Línea. Le envié el número. Justamente yo atendía cuando me contó que quedó embarazada tomando pastillas anticonceptivas y un remedio natural que le recomendaron para tratar un quiste. La conclusión que sacamos fue que ese remedio natural dejó sin efecto las anticonceptivas. Avanzamos en las contraindicaciones: con el quiste no podía tomar el medicamento. Debido a su tamaño podía abortar con medicamentos si le realizaban una cirugía por laparoscopia.
En el contexto en el que vivimos, debido al bloqueo, las sanciones, la salud pública en el país es una suerte de ruleta rusa. Sorprendentemente el sistema funcionó como debía, y en cuatro días ya había recibido la cirugía, pero no podría acceder a un aborto por el sistema de salud. Le mandaron reposo y pasaría probablemente todo el embarazo con dolores y riesgo de aborto.
Recordé durante el proceso todas las veces que me la crucé, con sus dos niñas, en la universidad. Acordamos un encuentro cerca de mi casa y la suya en plena cuarentena por la pandemia. Ella ya estaba allí cuando llegué y hablamos un poco sobre la situación. Ella pensaba en que si su vida estaba en riesgo también la de sus hijas, no era una posibilidad otre niñe. He atendido a muchas mujeres que quedan embarazadas aún cuando planifican su anticoncepción, aquellas mujeres que deciden abortar por el cuidado de sus hijas e hijos. Las que saben todo lo que conlleva y viven en soledad y desinformación sus abortos, se reponen rápido y continúan con elcuidado de sus hijas e hijos.
Para todas esas mujeres el acompañamiento supone una reparación al abandono del Estado ante la falta de legislaciones sobre aborto y salud reproductiva.
En el arte: mi muñeca de trapo arropada sabiamente por una infancia que lo entiende todo. El parche lo adquirí en un encuentro aborteril.
