Saltar al contenido

Soltar toda la culpa y el dolor

Quisiera empezar diciendo que para mí ha sido un poco complicado poder soltar toda la culpa y el dolor que no sabía que sentía por haber abortado y digo esto como una manera de empezar a responder la pregunta ¿Qué significa mi arte para mí? Y también diciendo que creo que es la primera vez en la que estoy dentro de un proceso en el que puedo explorar lo que siento, lo que pienso y dimensionar todo lo que ha significado abortar, pero también acompañar.

Estas manifestaciones o estas formas de crear como la de ahora ¿qué podría llamarse? ¿Una técnica mixta podría ser? me ayudan y me abrazan en este proceso de seguir soltando, seguir sanando también. Me parece importante compartir esto porque cuando a mí me tocó pasar por un ´proceso´ estaba en otro momento totalmente distinto de mi vida en el que no tenía, o no creía, o no tenía redes de apoyo que construía constantemente o que alimentaba constantemente. Tampoco tenía acercamiento a ciertos temas, y es por eso que quizás pasé mi proceso aislada, con bastante desinformación y escondida también ¿no? Desde la culpa por haberme embarazado y la culpa también de decidir abortar. Entonces, este proceso, desde la semana pasada, está siendo bastante revelador en muchos sentidos y me está permitiendo reafirmar, también, este camino que he elegido y que sigo eligiendo, que es el de acompañar. Definitivamente mi vida ha cambiado en muchos sentidos desde que he empezado a acompañar.

También quería contar cómo es que empecé a acompañar o cómo empecé a acercarme al aborto desde otro lado y no desde el prejuicio, la culpa y el dolor. Fue gracias a que conocí a Las Serenas, que fue incluso tiempo después de haber abortado, como unos tres años después de haber abortado. Lo que pasó, en mi caso, fue que una vez que aborté hice como si nada hubiera pasado, no lo hablé, no lo exterioricé, no canalicé todo eso que sentí, que sentía, que pensaba, ni siquiera lo pensé y siento que eso ha llevado a que muchas cosas se condensen, mucho dolor, mucha culpa se condense y se petrifique incluso en mi cuerpo, y se enquiste también en mi mente.

El primer acercamiento que yo tuve con Las Serenas fue cuando ellas estaban aquí, en Iquitos, haciendo un festival que se llama Iquitas, en su primera edición, como por el 2021. Fue muy chocante para mí porque había un taller al que yo asistí que era como “Aborto en el contexto peruano”. Entonces, yo asistí a ese taller y fue muy chocante para mí encontrarme con tanta información, fue como destapar y abrir una puerta que yo había cerrado como a la fuerza y fue un poco doloroso, también, encontrarme con toda esa información, y con toda esa disposición de entregar y compartir esa información sin ningún interés, no porque eso esté mal, sino por… no sé, generó muchas cosas en mí. Y fue todo un proceso poder permitirme sentir todas esas cosas y permitirme darme la oportunidad de aprender, y aceptar y abrazar que hubo cosas que no supe, que no sabía y que incluso no sé, y que está todo bien. Fue justo empezar ese camino de sanación y de remediación conmigo misma. Entonces, creo que una de las principales cosas que ha cambiado en mi vida desde que soy acompañante es haber, no iniciado, sino ampliado el proceso de sanación conmigo, de aceptación de mis decisiones, incluso de validación. Y eso trasladado, extendido a través de mi experiencia, pero luego siendo expandido y trasladado a la experiencia de otras y de otres en cada caso acompañado. Esa reafirmación de que no importa el motivo o la razón por la que una persona decide abortar, si alguien decide abortar y así lo quiere, pues se la acompaña. Y pues, ha cambiado el poder soltar muchos prejuicios, el darle más espacio o no pretender entender las cosas de manera racional siempre a la primera, por lo que decía anteriormente. No necesito saber la razón por la que alguien decide hacer algo, si está en mis manos apoyarla, ayudarla de alguna manera, lo voy a hacer. Creo que, también, algo que ha cambiado o se ha ido transformando es que mi sensibilidad ha ido afinándose para tratar de acercarme a otras personas, la forma en cómo nos tratamos, o nos hablamos.

Todo esto, el poder ser acompañante, el poder ejercer autonomía yo misma y acompañar a que otras puedan apropiarse de esa autonomía me ha ayudado a poder reconocer mi voz y a poder hablar, también. Creo que eso es algo que ha cambiado bastante: ahora puedo hablar y hablar con justificación, hablar con base sobre el aborto y no solo desde mi experiencia, sino defendiéndolo, siendo una predicadora, por así decirlo, del aborto, del derecho a decidir.

También me ha cambiado mi forma de aprender, mi forma de querer seguir aprendiendo. Creo que algo importante es, y como siempre me dice una amiga: “en los caminos que se eligen para evitar tu destino es donde realmente lo encuentras”. Creo que eso ha pasado con todo el tema del acompañamiento, incluso la defensa del aborto como derecho ha sido una travesía un poco turbulenta, complicada; poder encontrar el sentido, poder descubrir y descifrar qué es lo que quiero hacer, y justo, en esos caminos para evitar hacer lo que tenía que hacer, entre comillas, es donde me choqué con esta oportunidad que se siguió expandiendo y que se sigue expandiendo y pues… me ha dado luz… como de querer y de apostar por seguir con esta formación constante y en la búsqueda de justicia reproductiva.

Y siento que lo que ha cambiado es que, a diferencia de antes, creo y confío más en el trabajo en red, como dicen Las Serenas, en este trabajo molecular o en este trabajo en constelaciones en la que compañeras de diversos lugares estamos al pendiente siempre y acompañamos igual, de esa manera, porque hay quienes acompañan a acompañar, hay quienes somos las acompañantes, hay quienes somos las acompañadas. Eso también ha cambiado bastante ¿no? volver a creer, y seguir creyendo, y seguir apostando por eso, por esa resistencia en colectivo, en red. También, ha cambiado que ahora me siento mucho más acuerpada, como las hojitas de un árbol que van creciendo juntas y me puedo reconocer que esto es lo que quiero hacer, es en lo que creo y es una de las máximas expresiones en el ejercicio de nuestras voluntades, de nuestras autonomías.

Y por eso estoy muy, muy agradecida. Sentirme agradecida por cada situación, cada acompañamiento, por cada persona que al confiar en tí hace que tú confíes también. Entonces, en este constante ejercicio de la confianza, y en el cuidar, y el dejarse cuidar por todo este fuego, este fuego que nos quema, que nos motiva, que nos mueve a hacerlo posible. Eso me abraza un montón, me ha permitido ver muchas situaciones y verme a mí desde otras miradas, soltando las expectativas y abriéndole paso cada vez más a la humildad y que cada caso que se acompaña es totalmente diferente, nunca se deja de aprender. Hay cosas que pasan, como mejorar o seguir mejorando la capacidad de resolver, y saber que hay en quienes nos podemos apoyar, con quienes nos podemos sostener y que no importa si nos conocemos o no, esa disposición de estar para la otra, para el otre, eso representa mucho en mi vida. El saber que hay todavía mucho dolor que transitar, mucho dolor que transformar, pero también hay mucho gozo de saber que estamos haciendo justicia nosotras y que igual seguimos construyendo, seguimos creyendo y seguimos apostando por emanciparnos de lo que se nos ha establecido: la culpa por gozar, la culpa por disfrutar, la culpa por cualquier error. Creo que toda esta experiencia que se sigue expandiendo y las posibilidades se siguen expandiendo constantemente, ayudan a florecer o a seguir floreciendo, y a seguir confiando en una, confiando en las demás y seguir reconociendo que lo que hacemos lo vale, aunque sea considerado o esté establecido como un delito en nuestro país, y que es muy necesaria, y no solo necesaria, sino urgente esta labor.

También ha cambiado mucho esa idea que quizás antes tenía, como que ciertas cosas que se hacen o las acciones siempre tienen que ser reconocidas o incluso retribuidas, como… este no es el caso. He ido también entendiendo que hay cosas que una decide hacer porque realmente lo cree y que no necesita tener un paga o incluso un reconocimiento por hacerlo porque no, no se hace, no se acompaña por eso, hay otras cosas que lo motivan. Es una forma también de militar, continuar militando, de seguir repensando todas esas formas posibles que quisiéramos que fueran, pero no son, entonces igual las creamos.

Para mí, todos estos cambios han significado fortaleza, como coraje, valentía, pero también miedo, a veces incertidumbre. Pero ante todas esas cosas negativas que se pueda sentir, una elige sobreponerse y continuar porque si no lo continuamos o seguimos haciendo nosotras ¿quién? Y así como también, quizás, acompañar ha significado ser vista de alguna manera negativa o incluso ser violentada, hasta ahora, en mi experiencia verbalmente, también ha significado ir encontrando en el camino personas que tienen la misma convicción e ir hermanándonos, y seguir repensando juntas, juntes, todas esas posibilidades y realidades que necesitamos y nos merecemos.

Además, siento que me permite y me permito ser cada vez más consciente y, sobre todo, creo que un gran cambio es este proceso de seguir abordando muchísimas cosas en mi vida que de alguna manera me han configurado y han determinado otras situaciones y, pues, desde que soy acompañante, he iniciado un proceso de abortar machismo, al patriarcado, incluso el colonialismo, el racismo, el clasismo y todas estas formas de opresión que de alguna manera nos moldean y que requieren que nos sigamos superponiendo, emancipando y sobre todo con mucha paciencia, con mucha escucha, presencia también, disposición, mucho respeto.